Aitor caminaba con las manos en los bolsillos y la mochíla colgada al hombro. Bajaba por la calle estrecha que le conduciría a su casa, había sido un día tranquílo. Aunque Noviembre llegó con retraso a las seis de la tarde empezaba a oscurecer y las calles torcidas se iluminaban dispuestas a ser guías de las vidas perdidas en la ciudad.
Vidas perdidas, o recuperadas como la de Aitor.
Al llegar a la esquina de su casa unas luces conocidas activarón su sistema de alarma, otra vez la polícia rondaba la casa, Aitor frunció el ceño tratando de averiguar desde una distancia de cinco metros cúal era el mótivo de aquella visita inoportuna.
-¡No voy a darte nada!- Gritó la voz de una mujer jóven. Aitor la reconocío en seguida. Empezó a correr hasta dónde se encontraban los coches de luz y por fin vió con claridad como un polícia de metro noventa mantenía retenida contra la pared a Uzi.
-¡Quítale las manos de encima, ¡hijo de puta!- Berreó Aitor mientras se abalanzaba sobre el polícia que cayó al suelo desconcertado y sujetandose el gorro.
De repente aparecierón dos polícias más que neutralizarón a Aitor y lo esposarón contra la pared al igual que Uzi que contemplaba la escena con una mirada fría y resentida.
-¿Pero tu eres ímbecil, ¿o qué?- Le preguntó Uzi a Aitor mientras esposaban a éste y ella peleaba por zafarse de las manos de su opresor.
-¿Qué cojones? Vengo a ayudarte y...- No pudo terminar su frase, Uzi se adelantó:
-¿Y Ahora quien mierdas va a pasar la película? ¿Habías pensado en eso antes de abalanzarte sobre el otro imbécil como un poseso?- Y Uzi volvió la mirada hacia el polícia que reposaba en el capó de su coche observandolos con desprecio.
"Esa es Uzi, nos detienen y sólo piensa en quien va a pasar la película. ¿Cómo podría extrañarme?" Pensó Aitor, mientras apreciaba en su rostro el dolor que le estaban produciendo las esposas.
-¡Venga, vamos! -Gritó el polícia- al coche. ¿Es que no me habeis oído ,vividores? ¡Adentro!- Y empujaron a ambos amigos al interior del coche patrulla.
-Habrá que llamar a Fran- Musitó Aitor.-Para que ponga la película...
-¡No hables!- Le gritó el policía desde el retrovisor.
Uzi miró a Aitor clavandole sus ojos verdes sobre los suyos : Anda, déjame en paz.
Capitulo I Sólo o con hielo. Ambas cosas son frías.
"Déjame en paz" era precisamente lo que le habría pedido hacía ya tres años a Uzi cúando apareció en mi vida y lo puso todo patas arriba. Pero no siempre es fácil pedir distancia a los sentimientos cercanos.
Uzi apareció en un día cualquiera, ni si quiera recuerdo cómo iba vestida ,eso sí, recuerdo que cúando nos miramos por primera vez nos retamos en silencio. A ver quien podía odíarse más. No recuerdo cómo ni con que pretexto le dirigí la primera palabra pero sí recuerdo que no fue nada agradable y su sonrísa cínica y misteriosa me conquistó. Bueno, a mi brageta.
Aquella noche que empezamos a hablar eramos las únicas personas en el Bar. Ella estaba sentada en la barra con las piernas cruzadas y bebíendose la cerveza cómo si cada trago salvara un pequeño miedo, luego sonreía para sus adentros y daba otra calada a su cigarro.
Yo estaba al otro lado, justo en frente. También con la cerveza pero sin el vicio transportable. Yo no fumo. Nos miramos un par de veces , sabíamos quienes eramos pero no teniamos ningún tipo de interés en saludarnos, siempre agradeceré esa sinceridad en las pocas personas que la practican. Incluso nos miramos un par de veces con asco. Supongo que yo creía que ella era la típica niña idiota que habla de rebelión contra el estado cuando lo único que quiere es que sus padres le dejen hacerse un tatoo. Y ella, bueno ella me dijo más tarde que creía que era un imbécil. Nada más.
De repente Uzi se levantó de su asiento y al poner el dinero sobre la barra se despidió de mi con la cabeza ,casi sin mirarme. En aquel momento sentí un pánico que recorrió todo mi estómago y me encogió el corazón. Me iba a quedar sólo. Sólo con una cerveza y un barman. Jamás , nunca me había permitido esa situación. Me aterroriza la soledad y el alcohol.
La simple presencia de Uzi en aquel antro aunque sólo fuera física me daba la paz que necesitaba para emborracharme. Salí corriendo trás de ella y la encontré encendiendóse un cigarro en la puerta. Se dió la vuelta sorprendida pero pronto su expresión recuperó un gesto indiferente.
Yo no sabía que quería decirle. Bueno, en realidad sí sabía que quería decirle pero no tenía ni puta idea de cómo hacerlo y menos cómo convencerla para que se quedara allí hasta que me diera un coma etílico.
-¿Crees que lloverá?- Le pregunté y en aquel momento sentí como todo mi cuerpo ardía por dentro, me temblaban las manos y la voz.
Uzi me miró desconfiada y luego miró el cielo.
-Ponte el canal de noticias 24 horas. Allí te lo dirán. Buenas noches.
-Espera, espera- Dije cojiendola del codo, era la primera vez que me atrevía a tocarla.- Te invito a una copa.
Uzi se desizo de mi mano y se dió la vuelta completamente mientras me observaba como un juez apunto de dictar sentencia.
-¿Porqué?- Me preguntó con los brazos cruzados sobre el pecho esperando una respuesta.
-Porque...-Mierda, estaba atrapado, la situación era penosa.- porque me apetece, me apetece invitarte.
-Para invitarme a mi , invita a cualquier tía de la calle que pase por aquí. Yo no puedo asegurarte que no acabe vomitando encima tuyo.
Aquella contestación me cabreó muchísimo. ¿Porqué tenía que ser tan hóstil en aquel preciso momento? Si, estabamos jugando al juego de odiarnos pero no era odio lo que yo necesitaba en aquel momento , claro que ella no estaba dispuesta a dejar que la invitara por el simple hecho de un deseo inmediato. Así que rebenté.
-¿Siempre eres tan agradable o sufres de tiroides? Mira, quiero invitarte a una copa porque llevo un día de mierda, mi novia me ha echado de casa, he discutido con los compañeros del curro, cúando volvía a casa con todo el cabreo he atropellado un perro y la abuela que lo llevaba a roto el foco delantero de mi coche de una pedrada. Estoy asqueado, no sé que hago en esta ciudad ni sé porqué me levanto cada día si cada día es igual. Quiero emborracharme, me da igual lo que me pase, ¡ Joder! Me da igual lo que pienses pero no quiero estar solo. Necesito a alguien que no vaya a aprovecharse de mi esta noche. Necesito alguien tan borde como tú para asegurarme de que no va a compadecerme. Necesito alguien que no me provoque ninguna simpatía. Ojalá fueras cualquier otra persona, pero eres la única que hay. ¿Qué dices?
Uzi me miró con sus ojos verdes de par en par y murmuró:
-Joder...casi me das pena. Anda, entra. Vamos a paliar la vida.
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