Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

martes, 29 de mayo de 2012

6.6.12



Caer al vacío. No permanecer sujeto a nada. Movimiento constante. Caer...por su propio peso.

"Más allá de una doctrina para la vida, esta la vida misma."

A nadie le gusta caer pero todo el mundo desea en algún momento de su vida saltar al vacío. Desprenderse de las cuerdas, sujetarse a la incombustible nada, sentir quebrarse el mundo a sus pies.
La caída implica dolor, quizá, pero no es un paso atrás sino un tropiezo, una magulladura leve. Mientras caemos vamos a alguna parte, no caer es inamobible; no caer es la pereza del miedoso.

Todxs nos tambaleamos. Todo tiembla alguna vez.

El vacío existe, la nada esta ahí. Pertenece a algo y no es cierto el qué. Tan necesario es el vacío como necesario es llenarlo. Lo que suena hueco tiene una resonancia límite, lo que esta lleno rebosa en sí mismo. Es allí, en el vacío dónde estamos libres de movimiento.

La atracción a asomarse al abismo, saltar al vacío, caer, salirse del surco es retar a la muerte estática, a la muerte en vida, a la normalidad, a lo seco, a lo triste, a lo superfluo...

Morir es perder y perderse , caer es reconocer y reconocerse, el vacío es resisitir y resistirse, la muerte y el miedo jamás serán un antagonista digno para la libertad.


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Parecía que estaba muerto y le había atacado una jauría de ratones. Salpicado de sudor, con la manos reposadas sobre las rodillas el hombre contemplaba a los transeúntes pasar. Se escondía detrás de una gorra y aún así se advertía una mirada fiera. Mirada móvil que se paseaba por algunxs de los caminantes con desasosiego, sin demasiado interés. Mirada que está aquí pero piensa lejano, quizá muy dentro.

Ese hombre esta perdido, se puede estar perdido cerca pero cuando uno se pierde lejos de sí mismo es mucho más difícil encontrar a nadie. Escudriña el cielo y vuelve a la retaguardia de su sombra. Parece una fiera herida, un soldado desarmado en espera de un ataque, un anciano que maldice el futuro.  Se devuelve a sí mismo el cuerpo cuando se acaricia las manos. Se recuerda que permanece allí sentado, se ha vislumbrado entre el espesor húmedo de sus dudas y me descubre espiando.

Primero pienso en apartarle la vista y disimular, cómo un juego pero soy incapaz de mentirle así. Seguramente esta harto de mentiras, así que me contengo y le miro a los ojos. Unos ojos que brillan con la fuerza de reflejarse en otros. Me cruza entera,  siento que casi esta tan dentro de mi que me duele, soy muy pequeña para que quepan dos. Un magnetismo salvaje me desgrana la saliva. Me ha visto, vuelve a su pose de marioneta rota, me ha visto pero no me ha encontrado.

No puedo contener el llanto rápido de mis venas, mi sangre las golpea a un ritmo accelerado, el tren está apunto de salir. Termino el cigarro que me consume, dejando escapar el humo lento, que deslice gozando entre mis labios. Observo el humo cabalgar en el aire, tan etéreo y libre de forma. Es hora de volver  a casa.

Retrasaría cualquier despedida que implique quedarse ciega. No volveré a verlo. Ya no puedo deslizarme más lento, en el último momento recrimino con un suspiro a esos ojos que se niegan a decirme adiós.

I.

Cora tenía la piel de terciopelo gris, con un cuerpo pequeño sostenido en unas ridículas piernas, los ojos se le dibujaban redondos y negros y un flequillo libre revoloteaba su frente. Cora es cálida cómo unas manos que se esconden entre las piernas cuando hace frío.

-¿Me alcanzas el cenicero antes de marcharte?

Me quedé impresionado, ni una sola reprimenda por abandonarla tan temprano. El aire del amanecer, gélido, se colaba entre las sábanas. Le acerqué el cenicero y volqué mi cuerpo hacia ella esperando algo, quizá un ademán para que me quedara.

-¿No vas a pedirme que no me marche?- Murmuré estupefacto.
-¿Quieres marcharte?- Me preguntó tranquila.

"Quizás, si el sudor no se me pegara a la nuca cómo una mano dirigente y el recuerdo de mi cama no se presentara cómo un lugar al que regresar cansado, quizás me quedaría un rato, viéndola retorcerse en las sábanas. Pero el motivo es más simple que eso: No quiero estar con ella ahora. Y eso que esta vez no suplica con las manos un voto de amante. Ni si quiera me mira con la esperanza de aquellos que dicen adiós a un amigo y saben que aún así, ninguna despedida es justa.

-Supongo que sí.-Contesto y vuelvo la vista a mis botas raídas. Necesito calzado nuevo. Me duelen los pies.
-¿Sábes? -Empieza después de un leve silencio- Podría pedirte que te quedaras un poco más y si lo haces...si te quedas, ese, y no perderte, sería mi gran fracaso.

-No te entiendo.

-Es sencillo, Daniel. Yo no puedo perderte porque no te tengo. No eres las palabras que salen por mi boca ni el pelo que me cepillo cada mañana. Yo solo puedo perder el gato o a mi cuando estoy contigo o, si no quiero perderme sólo puedo perder lo que siento por ti pero claro...el amor por una persona no se pierde como el papel de un caramelo. Tu no quieres quedarte y yo...No quiero negociar un poco de dignidad por una noche de placer. Estoy harta de nuestros constantes tratados de paz. Tu aquí acurrucado en mi pecho, imagínate lo, contando los segundos justos para no parecer impaciente  e intentar no sé...-hizo un pausa- aparentar que estas a gusto y yo esperando que esos mismos segundos sean eternos. El acné ya me hizo sentir estúpida. Además,- tosió- me estoy poniendo enferma.

Cora me sorprende con sus argumentos. Tiene razón. Yo espero de Cora algo que a mi me falta cuando en realidad ella no es la responsable de cubrir mis vacíos, no los que están ahí fuera sino los que están dentro de mi. Persigo las piernas de Cora como un tranvía al que arrojarse. Le robo el aire cómo si yo no tuviera pulmones. Soy un niño que ha estirado tanto de su vestido rojo que la está dejando desnuda. Entonces la miro, entonces caigo en la cuenta y comprendo su temor, debe de ser terrible mirar a alguien a los ojos y no encontrarlo por ninguna parte.

-Tienes razón.-Admito- A veces es mejor lo que se acaba que lo que no termina nunca.

II Sobre la libertad, el ser y el querer.

Existen diferentes formas de agarrarse a la vida tal y como agarrarse a la vida es una opción en sí misma, habitualmente confundimos la seguridad con las cadenas. Aquello que me mantiene firme es la correa con la que me ato no el paso que decido mantener. Aquello que me salva de caer es una rienda corta no un galope largo. Y aún así en este paso intermedio entre la caída y la suspensión existe la necesidad de no despeñarse, de no dejar que todo acabe, cuando el fin en sí mismo es el principio de otro ciclo.Unx puede escoger la soledad y el alcohol cómo tándem para suplir la irritante levedad de su existencia, puede también establecer cierta dependencia emocional dónde succionar de otrxs aquello que le falta para no mirar hacía sí mismo o definitivamente renunciar a los vicios y costumbres dañinas que le convierten en esclavo para ser quien es en realidad.

Si escoges felicidad, si apuestas por la alegría es probable que debas alejarte de costumbres y personas que crees tan tuyas que se te han adherido como partículas de piel, cómo oxígeno abundante rodeando tu nariz. Si apuestas por la autonomía tendrás que empezar a aceptar que ni si quiera es tuyo el reflejo que ves en el espejo y que quedarse sin oxígeno, marearse, sentirse solo, vacío o lleno de mierda abundante es sólo el reflejo de un conflicto interno que acabará por encontrar una salida. La negación  de un proceso conduce a la frustración. Todas aquellas sensaciones que te envían a la cama cómo refugio de la realidad son sólo el resultado de la presión que ejercemos hacia nosotrxs mismxs. Evitamos ser personas, huimos de aquello que nace en nosotrxs y no se corresponde con el rol que juramos defender en la sociedad y así vamos llenando de incongruencias el mundo, defraudando amigxs, perdiendo compañerxs, suicidando nuestras ganas de crecer. 

Cuando Cora se fue me sentí cojo y desorientado. Síntomas los cuales no se pronunciaron en lágrimas sino en un dolor de estomago que me tuvo una semana encerrado en la habitación sin poder concentrarme en nada. Sudor frío y latigazos en mi barriga, eso era el único vestigio de que yo seguía funcionando cómo ser vivo. Perdido en un letargo de anuncio previo, desprovisto de ninguna desgracia, lamentando algo que ya no podía cambiar.
Vagabundear en la orilla de tu propio desconsuelo es una herramienta estéril , toda acción que contribuya a perpetuar tu desgracia es un circulo del que hay que huir con mayor rapidez que de la desgracia en sí. Al final...se toman más en serio los problemas que las soluciones.

-¿Sabes dónde está el azúcar?- Tara interrumpe mis pensamientos asomando su redonda cabezota por la puerta de la habitación.
-No.-Contesto rotundo. -¿Qué?- Antes de que cierre la puerta le he adivinado en los labios otra clase de pregunta. Esta indecisa.
-Nada. Déjalo. Tu y yo no hablamos de esas cosas...buscaré el azúcar.- Se retuerce el pelo con las manos y cierra la puerta con el mismo misterio que la ha abierto.

"Tu y yo no hablamos de esas cosas". Ya. Tara y yo nunca hablamos más que para preguntarnos dónde está el mando de la tele. No siempre había sido así. Lo que ahora mismo sé de Tara es que le gustan las películas de miedo, que aprendió inglés en un intercambio y que si no fuera por ella los vecinos acabarían por inventar historias fatalistas sobre nosotrxs a expensas de mi nula interacción con ellos. Sé que Tara está enamorada de uno de sus amigos de toda la vida, esos que te tiran pelotas de papel en el instituto cuando el profesor se vuelve a resolver una ecuación y se esperan en la puerta de tu casa las noches de verano sin que tus padres se enteren. También sé que está esperando una solicitud de ingreso a la facultad de filología y que trabaja por las tardes en la tienda de una sastre francesa que es fumadora compulsiva.

Qué contradictorio, ganaría cualquier concurso sobre Tara, incluso podría hablarle a alguien de ella y que pareciera que detrás de nuestra relación existe una complicidad construida a base de momentos felices y otros más nostálgicos y sin embargo todo sería mentira. No sé quien es Tara. No sé que le preocupa, ni que le hace sombra en la cara, no sé si está cómoda en su cuerpo, no sé que ve ella cuando mira a través del objetivo de su cámara ni sé en quien piensa cuando canta una canción de Bon Jovi... Aunque tengo la sospecha de que cuando se retuerce el pelo en un nudo está preocupada.

-¿Lo has encontrado?- Le pregunto desde la puerta. No contesta. Eso quiere decir que hace rato que ya ha encontrado el azúcar. Me pongo unos pantalones y salgo al salón dónde la encuentro dibujando en un bloc que esconde con rapidez al verme entrar.

-¿Qué haces?-Me pregunta desorientada.

Me siento en el sofá junto a ella y observo cómo me mira con compasión, esta esperando un gesto, una sonrisa nerviosa, el pistoletazo de salida que indique que puede ofrecerme su mano sin que yo me lo tome como una limosna.

-Me siento raro.-

-Define raro- Tara se acomoda en el sofá con los pies en alto.

-Extraño, diferente, descolocado, fuera de lugar...
-Cómo yo ahora al verte aquí, fuera de tus aposentos...- Me confiesa mientras aparta el bloc a un lado.
-Nunca te he preguntado porqué empezaste a dibujar...¿verdad?


-No. Y preferiría que ya no lo hicieras. No es por resentimiento ni nada, es que... ahora estoy llena de motivos que antes desconocía, en realidad cuando empecé no tenía ni idea de nada así que no podría aunque quisiera darte una respuesta porque yo tampoco la sabía. Es más,ahora, en estos momentos tengo más argumentos para pintar que cuando empecé. Ni entonces ni ahora sé porqué decidí intentarlo, ahora ya no me lo planteo cómo un anexo de mis facultades...¿Qué miras así? Me das miedo.


-La última vez que hablé contigo tu mayor preocupación era el sabor de un sugus...Creo que me he perdido...
-Has estado perdido mucho tiempo, hermanito, ¿sabes que España ganó un mundial, no?








martes, 15 de mayo de 2012

Sentimientos en lucha.

El odio necesita un amante fiel,
sino solo es desprecio transitorio.
Las lágrimas de sangre son de la Virgen
inútil monopolio.

Cuando la luna se desangre
en mil cuchillos de luz
y caiga la noche eterna
sobre los rincones del hambre
el hombre entornará la puerta
de lxs no bienvenidos
y ya no pensará en la ventana y su vacío.

El paso del amor a la memoria
es a veces una dura duda transitoria.

El peso de la memoria sobre el amor
es siempre una leve duda consistoria.