Capitulo II. Shh, las estrellas pueden oírnos.
Después de aquella noche no volví a ver a Uzi en un par de meses. Sí, frecuentabamos los mismos bares, nos gustaban los mismos ambientes e incluso compartiamos algún amigo en común pero no volvimos a dirigirnos la palabra. Mi salvadora me abandonó como Dios tiene castigados a los hombres en el olvido eterno. A mi no me importaba, yo conversaba con cualquiera, me bebía mis cervezas, escuchaba algo de buena música y luego me largaba para mi casa cúando aún no estaban puestas las calles.
Una de esas noches ví llegar a Uzi con un vestido rojo y los ojos inchados, estaba preciosa. Rota, como el descosido de un pantalón , entró en el local con la mirada perdida y la nariz roja. No sé porqué en aquel momento quise que me viera, que me saludara, tal vez incluso que mostrara un ápice de su odio hacia mí pero nada. Uzi se comportaba cómo si yo no existiera.
-Tío, ¿no crees que suena demasiado fuerte el bajo?-Gritó Fran en mi oído para que yo pudiera escucharle en medio de aquel concierto de punk dónde tocaban unos colegas. Medité la respuesta un par de veces en la cabeza: voces, equipo de sonido, guitarra, bataka...si, tal vez el bajo...Y entonces Uzi pasó por detrás de Fran empujandólo ligeramente con la mano. Me perdí por unos segundos.
-No lo sé, colega- Le contesté cojiendo la cartera de la barra para ir detrás de Uzi. Claro que lo sabía, pero si le daba la razón me haría ir hasta el técnico de sónido y comentarle la jugada. Y hablar de aspectos técnicos un sábado por la noche cúando tu único plan es emborracharte y volver a casa sin saber en que lugar está el norte para sentir el efecto helicóptero al tumbarte en tu cama es igual de efectivo que plantearse el sentido de algunas películas de David Lynch.
Cojí mi cerveza y me escabullí entre aquellas personas hasta dónde estaba Uzi. Me coloqué a su lado sin mirarla, cómo si no supiera que estaba allí. No sé porqué monté esa frasa si los dos sabiamos que casi nos tocábamos con los codos.
La observé un par de veces de reojo y volví a reafirmar mi teoría sobre el aspecto de Uzi aquella noche. No quería decirle nada en realidad, sólo tenerla cerca, por si acaso. Entonces, sin previo aviso Uzi se apoyó en mi hombro y me dijo al oído: ¿Te importa salir fuera?
La miré cómo si no la hubiera escuchado y le pedí que me lo repitiera para volver a tenerla más cerca.
-He dicho que si te importa salir fuera.-Me gritó esta vez a un poco más de distancia.
Yo no contesté, sólo acepté con la cabeza y la seguí entre el espesor de los cuerpos humanos que se movían sin compás a la luz oscura del bar.
Cuando estuvimos fuera Uzi se separó un poco de la puerta y me indicó con el dedo que me acercara. La seguí observando a los fumadores que apuraban el frío en sus manos junto a la puerta. Me puse a su lado y saqué el telefono móvil del bolsillo al que no tengo especial cariño pero me ayuda a no mirarla a los ojos y saciar mi ansiedad.
Después de unos minutos en silencio , Uzi habló:
-¿Que tál?-Preguntó mientras tomaba asiento en la acera.
-Bien.-Contesté haciendo lo mismo.
-¿Bien?-Repitió extrañada.-¿Porqué?- Y volvió sus ojos verdes hacía mi cómo los de un niño que no entiende una equación algebráica.
-¿Cómo que porqué? Porqué se pregunta cuando alguien contesta : mal, bueno..., ahí estamos. Pero cúando alguien dice que está bien se sobreentiende que no tiene un mótivo para estarlo. Sólo, lo está. Bien.- Y la miré como si ni si quiera yo mismo me estuviera convenciendo.
-¿Entonces estar bien quiere decir que no te pasa nada? -Preguntó Uzi cada vez más descolocada- ¡Los peores dias son los dias que sabes que no va a pasarte nada! Que no tienes que decirle a un amigo que lo echas de menos, ni enterrar a tu gato, ni entregar un trabajo de matemáticas a última hora, que no vas a ver al chico del bus o que no vas a ponerte el vestido verde porque aún sigue en el cesto de la ropa sucia. Días en los que no va a pasarte nada salvo la rutina unidireccional ... Que todo va a repetirse cómo un fotograma roto o un anuncio de helados en la televisión. Que conoces hasta el trayecto de las baldosas hasta tu casa... esos días me provocan un miedo atroz...
-¿Entonces...¿Hoy estás asustada? ¿Por eso estás así?- Le pregunté mientras observaba cómo se encendía otro cigarro.
-¿Asustada? Eso sería una buena notícia. Me siento indiferente. Completamente indiferente. Y eso, amigo, es una muy mala notícia.- Para los dos- Se apresuró a decir.- Haz que me asuste y al menos me sienta viva.
-¿Como te llámas?- Acababa de darme cuenta de que ni si quiera sabía su nombre.
-Uzi.-Respondió tendiendome la mano.-¿Tu Aitor, no?- Asentí con la cabeza mientras estrechaba su mano.- Si, me tenian bien informada.
Hubo un silencio. Un silencio que creo que sólo estuvo en mi cabeza ya que dudo que en realidad la música que salía del bar, la gente que hablaba fuera y los aviones que pasaban sobre nuestras cabezas nunca dejaron de hacer ruido, nunca se detuvieron pero por un segundo el mundo se quedó mudo cúando tuve la mano de Uzi estrechada a la mía.
-¿Y qué es lo que te preocupa a tí , Aitor?- Dijo levantándose y sacudiendose la falda. -¿Me acompañarías a casa?
Me levanté y guardé el telefono en el bolsillo trasero del pantalón, miré el cielo por unos segundos y dije que sí.
-¿Qué me preocupa?-Repetí para ganar un poco de tiempo.-No lo sé, supongo que lo que le preocupa a todo el mundo...El paro, la extinción del linze ibérico, de que estan hechos los frankfurts del super, porqué sonríe la Gioconda....
Uzi se paró en seco.
-Está bien. ¿No quieres hablar de tí, es eso no?-Inquirió mientras volvía a ponerse en marcha- Bien, pues no hables de tí. Habláme de tu novia.
-¿Cómo sabes que tengo nóvia?-Pregunté a la defensiva.
-No lo sabía, pero ahora sí. Aunque por tu respuesta deduzco que tampoco quieres hablar de ella. Está bien. ¿De qué quieres hablar?-Me preguntó sonríendo irónicamente. Me repatea la ironía, no existe mejor método para agotar las reservas de paciencia de un inteligente imbécil cómo yo.
-¿De tí, tal vez? ¿O de la necesidad innata de desviar la atención sobre tu persona cúando estás conmigo? ¿Por que me has pedido que te acompañara a casa?
-He sentido la necesidad de sentirme protegida...-murmuró con rintintín.- Te he sacado de ese antro porque no quería que bebieras más. Me has dado pena.
-Error.-Grité- Me gustaba tu compañia por la escasedad de afecto mutuo, si me compadeces la has cagado, dime mejor que esperabas que me atropellara un coche de vuelta...
-Ya está, está es mi casa.-Dijo sacándo las llaves.- ¿Quieres que te cuente un secreto?-Me preguntó mientras entornaba la llave de la puerta- No eres tan horrible cómo crees.
Me quedé allí cómo un idiota mirándo la puerta y repitiendo sus palabras en mi mente, cúando me percaté de mi estúpidez dí media vuelta y volví al bar. Tenía muchos amigos esperándome.
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