Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sucede III

Aitor golpeaba su cabeza una y otra vez contra la fría pared del cuartelillo cómo aquel desesperado que espera en la cola del supermercado. Llevaba allí unas cuatro horas de reloj pensando en Uzi y dónde la tendrian. De repente un polícia abrío la puerta y con un gesto le invitó a abandonar la jaula.

-¿Dónde está Uzi?-Inquirió Aitor apretando los dientes.
-Tu compañera ha salido hace dos horas y se ha empeñado en esperarte. Está a fuera.-

Aitor recogió sus enseres y salió de la comisaría poníendose la chaqueta y buscándola con la mirada. Ella estaba apoyada contra la pared del edificio sosteniendo unos papeles y hablándo por teléfono. Se puso a su lado y espero a que terminara la conversación.

-Vamonos de aquí o acabaré vomitando-Le pidió mientras la cogía del codo.-No era necesario que me esperaras.
Uzi lo miró con desaprovación:
-No tenía nada mejor que hacer.

Caminaron en silencio. Aquel domingo las calles de la ciudad resplandecian alegres bajo el sol de un Noviembre gélido. Los niños paseaban en bicicleta y los ancianos mantenian sus tertulias bajo los tenderos de los edificios altos.

-¿Conseguiste que pasaran la película?-Dijo Aitor después de un largo silencio.
-Si.-Contestó tajantemente Uzi y al darse cuenta añadió- Fran nos hizo el favor.

Aitor asintió con la cabeza y se atrevió a preguntar aquello que le tenía más preocupado:
-¿Te han tratado bien? ¿O tengo que cargarme algún monillo imbécil?
-¿No sabes hacer otra cosa que utilizar la violencia para ocultar tus sentimientos? Déjalo, estoy bien.
-¿No puedo preocuparme por tí?-Preguntó Aitor acentuando el tono violento de su contestación.
-¿Ahora vas a preocuparte Aitor? ¿Tu, que te has encargado personalmente de aniquilar todo apíce de cariño que nacía entre nosotros? ¿Tu vas a preocuparte? ¿De veras? No me hagas reír.

-¿Disculpe, tiene fuego?- Le invadió un hombre en medio de la calle.
-Disculpe, ¿No ve que estoy discutiendo?-Contestó Uzi mientras se urgaba el bolsillo- Tenga, quédeselo. Así no tendrá que molestar a nadie más.

Aitor que contemplaba la escena en tensión se abanzó unos pasos esperanzado de que aquel espontáneo le salvara el pellejo, pero Uzi lo alcanzó deprisa:

-Mírame-Le gritó mientras lo agarraba del brazo y le daba la vuelta hacía ella.- ¿Cómo tienes el valor de mirarme a los ojos y con cara de preocupado dar a entender que me vas a defender cómo a tu vida y luego me tratas cómo a un perro? ¿No ves cómo me maltratas con tu cobardía? Un día me abrazas y otro es cómo si no nos hubieramos visto nunca. A veces...a veces cuando te veo, en casa, haciendo la cosa más estúpida ...doblando un calcetín, te echo tanto de menos que no lo soporto...Estoy jodida, Aitor y es por tu culpa.

Aitor respiro profundo mientras clavaba sus pupilas en las de Uzi que vibraban de emoción encuadradas en verde. No sabía que decirle. No sabía que decirle a la verdad.

-Así que no me vengas con rollos protectores de hombre de la casa porque me ayudan lo mismo que una lluvia de meteoritos. Date cuenta de los límites que pones a mi voluntad y luego habláme de amor. Tu no sabes lo que es eso. No tienes ni puta idea.

Uzi se encendió un cigarro y hizo ademán de irse, Aitor intentó detenerla.
-Déjame, Aitor. Nos vemos en casa. -Contestó Uzi zafandose de su mano y aguantandose las lágrimas.
-Pero Uzi- gritó Aitor desde dónde se había quedado, parado como una estatua- ¿Dónde vas?
Uzi se volvió para mirarlo antes de seguir pero no contestó.

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