Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

viernes, 28 de octubre de 2011

Dando gracias, así es como vivo yo.

El día de antes tu mente mantiene presente que mañana será un día especial, reconoces que de una manera racional cumplir años o más bien el hecho de celebrarlos es algo estúpido y banal.

¿Quien se siente bien haciendose viejo?

La mísma mañana en la que te levantas, parece ser una mañana cualquiera pero la nebulosa que la conforma está dotada de un aire cerimonal, no es un día cualquiera aunque cualquiera se pueda repetir. Buscas en los ojos de la gente el reconocimiento de un día señalado, tienes expectativas, esperas que no llueva y que la comida de hoy sea rica.

El día de tu cumpleaños es extraño, es un batido de emociones espeso y nostálgico, es la subida de la montaña rusa, el nerviosismo de un miedo mayor, es el temor a lo bueno conocido, es la alegría de sentirse protagonista por una vez en el teatro magnánimo que es el mundo.
Celebrar años es inútil porque el tiempo no existe pero celebrar que te haces mejor no tiene precio.

Las rituales cotidianos conocen aquella esencia que nosotros quisieramos embriagar en ella, celebrar algo, sea lo que sea: que has roto un vaso, que has aprovado el carnet o que has dejado de fumar sólo tiene sentido cuando la alegría es compartida.
Compartida con sinceridad, con una mirada que te encuentra, una sonrisa que busca la tuya, un abrazo que te elimina por segundos del mundo.

Cada año soy mejor, porque los tengo a ellos.
Porque cada año los descubro y cada año me enamoro un poco más de lo que son, mis amigos.


Alba Saez
Laura Tomás
Marina Castillo
Marta Moreno
Montse Luque
Guille Carpio
Angel Ortiz
Endika Garmendia

Grazias.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Come as an old enemy

Si no tienes enemigos es señal que la fortuna te ha olvidado" Thomas Fuller

"Puedo resistirlo todo, menos la tentación" Oscar Wilde

Mis pulmones estaban cargados y la chaqueta se me pegaba a la piel como el sol que había salido aquel día, tímido y asustadizo entre las nubes. Mi calle no es gran cosa, un callejón de cinco metros donde huele a orina de perro y los camellos aprovechan su localización estratégica para pasar sus delicias. Mi calle es esa calle por la cual las señoras bajan el volumen de sus conversaciones, las jovencitas esquivan y los perros adoran. Mi calle no es un lugar de coincidencias, si consigues encontrar a algún conocido cruzándola, espera malas noticias. Nadie se adentra allí por casualidad. En este pequeño espacio de cinco metros nada es regido por una fuerza superior.

Venía comiendo de un paquete de pipas que Sol me había dado con toda su caridad después de salir de la estación, volvía a casa después de pasar otro puñetero lunes en la universidad. Ahora tenía que coger el trabajo y volver a Barcelona para poder entregárselo a Teresa, aquella maldita profesora de dentadura postiza y permanente descuidada.

Cuando doblaba la esquina, mis zapatillas resbalaron en la pequeña subida al divisar dos figuras contemplando mi piso. Tragué saliva y resolví volver a pasar cuentas mentalmente, no le debía nada a nadie. Estaba casi seguro.

Me aproximé con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, la niebla y la poca luz me dificultaban la visión de mi objetivo tanto como una película porno de Canal +. Al fin cuando los tuve justo delante, María se abrazó a mi cuello y la tensión se resolvió, aunque no por mucho.

El corazón me me desmontó cuando desde la perspectiva de las espaldas de María vi a Frida. Metro cincuenta de estatura, delgada y elástica, morena de ojos verdes y alma negra.¿ No dije yo que solo podían ser malas noticias?

+Frida ha vuelto y a insistido en pasar a verte...- Me sonrió María que desde siempre había estado colgada de mi como un calcetín en un tendero de mendigo, sin pinza. Muchas veces casi se la lleva el viento.

No conseguí decir palabra, ni si quiera en mi mente. Estaba tan bloqueado que juraría que mi cara de guilipollas debió ser la imagen del año.

No me malinterpretéis, Frida no es esa primera mujer con la que haces el amor, ni si quiera la primera dama con la que intercanvié saliva, Frida no es esa mujer que te ha roto el corazón, ni si quiera esa persona que te mastica tu orgullo y lo pisa, lo sacude a la vez que lo hace vibrar, Frida es mucho más que eso, la quise más que a eso.

-Lo siento, pero tengo que ir corriendo a Barcelona, no tengo tiempo. Ya nos veremos.

A María se le borró aquella sonrisa estúpida de la cara, pero Frida sonrió y sabía que ya no estaba a salvo. No sabía cuando volvería a estarlo.

+Ella también tiene que ir! ¿ Que coincidencia no? -Dijo María recobrando el color de su aura enamorada.

Frida sonrió con la mirada como la leona que esta apunto de atacar a la cebra enferma, es decir :yo.

Subí corriendo las escaleras de mi pequeño y sucio portal, esperando como iluso que aquella pesadilla acabara lo antes posible, pensé tirarme por el balcón y caer encima de ella y acabar con todo. Pero por desgracia vivo en un primer piso.

Cuando bajé María ya no estaba, la había llamado su madre para que fuera a comprar el pan antes de que cerraran la panadería de su barrio. María podías haberte esperado conmigo y comprarlo en el badulake. Ahora es cuando te necesito, cuando más te necesito.

+Pensé que no volvería a verte...-murmuró Frida sacando un cigarro de su cartera de cuero.

-Yo viví con esa esperanza, hasta ahora.- Le contesté colgándome bien la mochila a las espaldas.

+Vamos, no fue para tanto. Te comportas como un niño pequeño al que se le ha escapado el gato.

-La perra, Frida, la perra.- Le dije encendiendome yo también un cigarro y exhalando su calada como si fuera a salvarme.

+Sabes que los insultos no van a poder conmigo, nunca pudiste conmigo.

-¿Entonces? ¿Porque no lo dejas ya, Frida? Que te e echo yo para que sigas persiguiendome como a un condenado, búscate un oficio, por mi como si te prostituyes. Yo que sé, vuélvete a tu país donde te fuiste aquella vez, pero déjame en paz, desaparece de mi campo de visión.

Frida se puso a mis espaldas y se rió como el pequeño genio maligno que era, aquella hada mexicana estaba jugando conmigo y como le gustaba. Me habían enseñado que a las mujeres no hay que pegarlas, por eso del maltrato, la inferioridad física y los valores morales. Pero ella me tenía hasta los cojones.

La calle estaba desierta, parecía que aquel invierno nadie se había decidido a salir a la calle, dejándome solo con mis pesadillas particulares.

+Debí despedirme de ti. Fue eso lo que te dolió tanto ¿no? Joder, Diego sabías que era libre, que necesitaba mi tiempo sola. No respetaste ni eso.

-¿Sabes que Frida? Que ya me da igual, que no quiero saber de ti. Que te vayas a follar a otro que es lo que mejor se te da hacer.-Tiré el cigarro a una alcantarilla y imaginé a la rata asustada que corre para no ser quemada. Yo no había corrido lo suficiente, ardía por dentro.

+Pero yo quiero follarte a ti Diego, vayámonos, vamonos a casa. Vamos a fumar, a follar, quiero despertarme y tenerte a mi lado Diego, como antes.

-No tengo condones.-Le dije cuando ya doblábamos la esquina hacia la estación.

+No importa, tengo yo. -Me tomó del brazo, mala decisión.-Vamos Diego, vamos.

-¡Déjame en paz, maldita zorra!-Le dije tomándola por los brazos sin ser consciente de mi fuerza, Frida saltó sobre mi y me comió la boca. Yo no pude parar, aquel sabor dulce y resbaladizo. La humedad de su lengua y su mano en mi entrepierna.

La empujé con la fuerza necesaria para que aún pudiera quedarse en pie, estaba apunto de perder el tren, estaba apunto de llegar tarde a mi cita con Amanda, mi actual novia.

Pensé en Amanda, en María y después dejé de pensar y miré a Frida.

Lo correcto sería volver con Amanda, olvidarme de Frida y consolar a María. Pero lo correcto no era lo que me apetecía.

El brillo de los ojos de Frida...no lo he vuelto a ver en ningún sitio , su piel suave, almendrada, su lunar, la curva de su espalda...nada es comparable a la selva de Frida. Es como volver a casa después de la guerra. Con ella ya no tengo hambre, ni sueño. Con ella me pasaría la vida haciendo el amor y contando estrellas, yo nunca fui tan guilipollas como con Frida.

El tren acababa de llegar, tenía cinco segundos para decidir mi sino.

-No quiero volver a verte nunca más.-Le dije mintiéndole descaradamente. Se llevó un dedo a los labios, pensativa.

+Entonces...¿vienes conmigo?

Mi pene y mi corazón dieron un paso adelante y la tomé por el hombro, reculando nuestros pasos. Aquella noche sentí como todo mi mundo se destruía, mi estabilidad y mi alma, mi conciencia y mis remordimientos.

Pero nunca he sido tan valiente, nunca he mirado al miedo a la cara como aquella noche, nunca fui tan fiel a mi mismo.

No hay nada como estar dentro de Frida.


II Ventolín y estoy a salvo.

Recuerdo mi calle en la infancia. Infancia. Infancia. Es una palabra que me resulta extraña, a veces me pregunto si yo padecí de eso. Por aquel entonces aún se atrevía a visitarnos el sol. Los domingos el olor a sopa, húmeda y caliente se adentraba por la calle y alertaba a los niños que jugábamos a fútbol, con unas porterías mal pintadas, que el fin de semana estaba apunto de terminar. Jaime, Raúl y otros recogían sus chaquetas y se saludaban como verdaderos compañeros de equipo antes de marchar a sus casas. Yo recogía mi chaqueta y con las manos en los bolsillos volvía cabizbajo a casa, pensando que con un poco de suerte,,mama no se daría cuenta de los descosidos.

Antes de llegar me detuve en un banco a atarme los zapatos. Apoyando mi rodilla sobre el banco observé el atardecer des de aquel podrido barrio. ¿Que esperaba la vida de mi? ¿Para que había venido aquí? ¿Que sentido tiene seguir si no te vas a poder quedar? Aquellas y muchas otras preguntas se desdibujaban en mi mente acompañadas de la luz naranjo-rosada de las nubes, que reflejaba en mis pupilas, pupilas que aún debían parpadear mucho más.

Me limpié las manos llenas de arena y tiza en una fuente de cobre con ribetes de fingido dorado, el olor a óxido y el frío del agua me revitalizaron, ahora la herida de mi rodilla dolía un poco menos.

Llegué a casa, cansado y aturdido. Se me iba la cabeza, no tenía hambre. La ropa me pesaba y el sudor parecía una capa impermeable de mugre que se me pegaba a las sábanas, tampoco podía dormir.

Papa llegó a casa más tarde que de costumbre, discutió con mamá y luego entró en la habitación.

+Aún sigues despierto, ¿hijo? Apaga esa luz, mañana tienes que madrugar.- Mi padre me besaba cada noche la frente y era extraño porque con aquel beso yo conseguía conciliar el sueño.

-¿Papá?-Le dije antes de que pudiera salir por la puerta. El se volvió y cambió su rostro cansado por una débil sonrisa, se remango los puños de la camisa y se puso de cuclillas a la altura de mi cara tumbada.

+¿Que hay hijo?

-¿Como os conocisteis tu y mamá?

Mi padre abrió los ojos sorprendido y respondió: "Eso te lo he contado mil veces".

+¿Como te hubiera gustado conocerla, entonces, papá?

Papá, avistando que aquello le llevaría un rato, tomó la silla de su hijo y se sentó apoyando los codos en las rodillas y pasándose las manos por el cabello negro.

-Imagínate a mamá en un árbol, papá va a coger una manzana y mamá cae en los brazos de papá. Después me hubiera gustado llevarla a comprarse un sombrero y tal vez después hubiéramos hablado horas y horas en el quicio de la puerta antes de despedirme. Después dejaría pasar unos días y la llevaría a la playa, me hubiera gustado tocarle la guitarra, pero no se. Si ella se hubiera dejado la habría invitado al cine y más tarde la volvería a acompañar a casa y puede, puede que hubiéramos hecho el amor.

+¿Que es eso de hacer el amor, papá?

Mi padre se puso rojo y recogió la silla con rapidez y nerviosismo. Instintivamente se re colocó los tirantes del pantalón y volvió a besar mi frente.

-Es como comerse un helado.-Dijo apagando la luz.

Todos los niños mitifican su nacimiento, ninguno de nosotros conocemos el día en el que nacemos esta tan lejos de mi memoria como las conquistas de Aníbal y aún así no las viví. Es extraño que no vayamos a recordar los dos días más importantes de nuestra vida. Nuestro nacimiento, nuestra muerte. Si, desde luego habrá aquel romántico que considerará su boda el mejor día de su vida, pero yo me quiero mucho a mi mismo como para compartir eso con nadie. El romántico es el ser más cobarde de todos. Tememos a la muerte porque sabe jugar al azar mejor que nosotros. Pero no es nada más, tiene el poder que nosotros queramos otorgarle. Pero que lejos estaba yo de meditar sobre la muerte en aquellos días amarillos de primavera.

En el colegio las niñas empezaban a utilizar minifaldas y los niños a mirarlas. Entre clases el corrillo de las chicas debatía sobre el pelo largo y rubio de Melinda o las botas de agua relucientes de Sofía. Nadie había hecho los deberes de Castellano.

A mi me traía sin cuidado el cabello de Melinda, era tal la impetuosidad de su ingenio que no sabía de la situación política del país, pero si de la situación sentimental de Rita, la otra chica guapa del grupo A.

Me la traía floja todas aquellas mierdas de niñas y niños, prefería leer las aventuras de Olvier Twist y odiaba sentirme raro por ello, pero aún me sentía más raro cuando hice por involucrarme en sus estúpidos juegos de botella y tuve que darle un beso a la chica de los aparatos de alambre. Volví con Dickens.

Una tarde cuando volvía a casa, Melinda se acercó por detrás y me tocó la espalda. La miré y seguí caminando pero ella volvió a interponerse en mi paso.

+¿Porque eres tan raro?

En aquel momento no supe que contestarle, sabia que era diferente pero nunca me había tachado a mi mismo de raro. Ni si quiera a día de hoy se me ocurre una explicación razonable a mis extraños y únicos comportamientos.

+Me gustas, ¿ sabes?

-Pues tu, tu..., tu a mi no, apa-apa-aparta.-La empujé de mala manera, pensaba que estaba riéndose de mi. Pensé, detrás de esos coches deben estar sus amigas riendo de mis pecas y mi tartamudez.

Melinda me tomó del brazo y me atravesó en canal con sus ojos azules. Pequeñas motitas de gris iluminaban un iris casi blanquecino. El sol tardío le tocaba los cabellos rubios, largos, sedosos. Me mojé los labios y tragué saliva.

+Quiero besarte.

-Pu..pues ha-hazlo, a mi me da, da igu...a..-Y lo hizo.

Salí corriendo como alma que lleva el diablo, pero con el tridente entre las piernas encendido.

Llegué a casa y tomé el zumo de naranja que había odiado hasta diez segundos antes, lo bebí de un trago, me lavé los dientes y me reprimí el vómito. Aquella boca agarrando la mía, el intercambio de saliva, de bacterias. Ventolín y ya estaba a salvo. Fue mi primer beso y nada he odiado tanto como mi primer beso.

III Mujeres


Come as an old enemy III (Mujeres)


Mi tío Jurgen, el hermano de mi madre, que era alemana, era la prueba evidente de que la gente cambia. A veces por necesidad, otras por gusto y la mayoría por simbiosis. Mi tio Jurgen que medía un metro ochenta y dos ,era alto, con los ojos profundos de toro hispano y la cara más blanca que la leche de las mañanas, el también tenía pecas. Me gustaba mi tío porque era un alma vagabunda, que no inmunda. Nunca paraba quieto y mi pequeña estantería de 40 cm estaba repleta de recuerdos de sus viajes: Una pluma de los indios cherokees de los EEUU, los dientes de un excursionista perdido en los Alpes, aquella lámpara de gas vieja e inservible que le había alumbrado las noches en la sábana africana aunque sin duda mi objeto preferido eran aquellas piedras volcánicas de Pompeia. Jurgen aparecía una mañana en la puerta de la casa con una maleta mal hecha y los cabellos despeinados bajo el sombrero de paja, sudado y desaliñado, pero con una sonrisa franca y fresca. Me gustaba mi tío porque era capaz de adaptarse a todo aquel que tenía a su alrededor. Nunca imponía su verdad y si hacía falta se tomaba el café sin azúcar. Jurgen se casó una vez. Engordó tanto en su matrimonio, treinta quilos, que por salud tubo de divorciarse. Parecía un luchador de sumo con el cabello graso y un pequeño mostacho mexícano. El matrimonio le enseñó su verdadera vocación, ser viajero ambulante, vivir de la caridad y sentir la tierra del mundo en sus pies, la arena del desierto de Gobi o la hierba de los verdes prados escoceses. Nunca sabíamos cuando iba a volver, a veces bromeaba con la idea de que su muerte se convertiría en el mayor misterio que nunca tendría nuestra familia y que su cadáver enterrado en algún kilómetro del fondo del lecho marino sería el tesoro más buscado de los nuevos piratas de barba rosa.

Me gustaba mi tío Jurgen porque sabía comprenderme a la perfección. Solía llevarme en el asiento de mi bicicleta y salíamos a comer un helado por el pueblo cuando la mayoría de la gente sudaba mientras dormía la siesta.

+¿Y que hay de las chicas eh?

El helado de vainilla se deshacía en mi boca lentamente mientras contemplaba a mi tío, que esperaba una respuesta sosteniendo el cucurucho con sus dedos regordetes de uñas comidas.

+¿Nada de chicas?

No contesté, aún sentía en mi boca aquel sabor dulce y pegajoso de mi primer beso, si seguía hablando de aquello regurgitaría mi helado de vainilla y no podía permitirme aquella pérdida de dinero.

+En realidad, haces bien ¿sabes? Eres muy joven para conocer realmente el amor. A mis treinta y siete años he amado a muchas mujeres, rubias, morenas , pelirrojas, morenas teñidas de rubias y mujeres que bebían cerveza. ¿Pero sabes cual fue aquella que se diferenció entre las otras? Una castaña, de metro cincuenta, con los ojos marrones, simple muy simple, en apariencia. Tu te preguntaras porque te cuento esto, quiero que sepas algo. Tu no escogerás a la mujer de tu vida, ella te escogerá a ti. En eso tu no vas a tener nada que ver. Puede haber estado mucho tiempo allí, cuidándote desde la distancia. Respetando tu tiempo y cuando menos te lo esperes... estas en su mundo, en su pequeño mundo y no sabrás como has llegado allí, pero no te preocupes porque tu no podrás elegirlo. Hay cosas que simplemente, son superiores a nosotros.

-¿Que es una mujer para toda la vida tío?

+¿Una mujer para toda la vida? Busca en los libros de mitología niño. No creo que eso exista, pero si existiera debería ser una mujer algo así llena de defectos que tu puedas transformar en virtudes para no aburrirte.Una mujer que haga las cosas fáciles, que te ayude a formar tu puzzle, con cola o con pequeñas piezas. Una mujer que se mueva con suavidad, que resbale, que sientas que puede irse en cualquier momento, para que así la valores antes de perderla. Una mujer por la que vivir y convivir.

-¿Tu has encontrado esa mujer tío?-Pregunté acabando mi helado y sacudiendo las migajas de mis bermudas.

+No, ella todavía no me ha elegido. -Contestó frunciendo un ceño- Simplemente, hay cosas de mi...que la superan.

VI Orígenes

No soy un tío pesimista, que la mitad de días de mi vida me parezcan una mierda no quiere decir que lo sea. La gente se empeña en decirme como soy o en decirme como creen que soy. Me encanta la gente que cree que me conoce, es a la que engaño con mayor facilidad. He oído miles de veces de distintas bocas que ellos prefieren escuchar, que les encanta escuchar a los demás luego te sientas en una terraza con un café delante de tus narices y sientes una decepción infinita cuando aquella persona te arroya con toda su verborrea. ¿Quien escucha a quien? Suerte tengo de ser un hombre capaz de apreciar los matices de las palabras. ¿Me oís mujeres del mundo? Un hombre que sabe escuchar...

Parece que nadie me oye en los gritos de silencio, parece que solo una se dignó a agudizar el oído.

¿Que quien soy? Eso me preguntan mis ojos cada mañana delante del espejo, cuando me lavo la cara con el agua fría y siento como esa pequeña capa de sudor dormida se marcha de mis poros. Me cepillo los dientes mientras mi mirada se queda clavada en la nada. Estoy tan cansado que no sé pensar. Me pongo las bambas rotas que casi carecen de suela, pero no importa porque es verano, en mi mundo siempre es verano. En mi mundo los domingos no son tan malos, solo tienen un olor suave a canela y cansancio. En mi pequeño circulo solo existimos yo y mi padre. El resto de gente, camina en otra galaxia, nos separan espacio y tiempo y no hay suficientes subvenciones del estado para que puedan venir a visitarnos.

No me considero una persona pesimista, una persona pesimista no miraría la vida a la cara y sonreiría corazonado ¿No es verdad? Un pesimista no jugaría al parchís por miedo a no tener culpable a quien acusar si perdiera la partida. Un pesimista NUNCA rebozaría el pescado para freír. Un pesimista no se movería por corazonadas.

Mi padre es la figura simbólica cercana a mi. De el aprendí aquello que yo no quería ser.

Le admiro con mucha fijación, le quiero más que a nadie en el mundo. Eso antes de marcharse con Julieta, la mujer de culo grande y corta melena que fregaba nuestra escalera los martes por la mañana. En realidad no le quiero menos por marcharse, pero joder papá, soy un puto adolescente ; inseguro, inmaduro, desconocido en mi mismo, buscándome en cualquier escaparate y tu te vas cuando más deseo charlar contigo, tomarnos un café ver algún documental de la segunda Guerra Mundial y que me expliques el gambito Letón, entonces nos pelearemos por quien juega con las piezas negras y tu citarás alguna de esas frases memorables de tu lucha por los derechos del trabajador.

Eso si no me chillas porque he fregado mal los platos o me miras con desconcierto cuando aparezco por casa a las tres de la mañana. Me ha faltado tiempo para odiar más cosas de ti, me ha faltado tiempo para echarte de menos.

Respecto a mi madre, bueno, ahora voy caminando por la ciudad de vuelta a casa. Estará sentada, en el sofá de cuadros leyendo alguna novela romántica con esas gafas de farmacia para vista cansada. La iluminación artificial de la calle me esta matando. No puedo ver las estrellas. Hace frío fuera, tengo la nariz roja cubierta con una suave y negra bufanda que me regaló Amanda. Hace días que no conecto el móvil, estoy seguro de que mi bandeja de entrada debe de estar saturada, con ese icono estúpido de una carta que me pone de los nervios. Estoy pensando en montar mi propio jardín de Epicurio. Voy a pasar de todo, voy a dejar este invierno triste y gris y voy a mirar hacia dentro, hacia mi verano, mis veranos. Pero todo verano tiene sus tormentas y Frida es una de ellas.

Abro la puerta despacio, sin hacer mucho ruido y dejo las llaves sobre la mesa del recibidor. La lamparilla de estudio delata a mi lectora madre, el olor a sopa se hace insoportable.

-Buenas noches mamá.- Dijo dejando la mochila en el cuarto y volviendo sobre mis pasos a la cocina. Me remango la camisa y me asomo a la puerta del estudio.

-¿Que hay de cenar?- Mi madre levanta sus ojos negros hacia mi por encima de aquellas gafas. "Me estás molestando" se lee en sus dos pozos.

-Mierda.-Contesta.

-Mierda, como decía la abuela.-Le respondo yo besandole la frente. Mi madre se ha quedado perpleja, hacia más de dos semanas que no la tocaba, traga saliva y se vuelve a su libro de tapas blandas y metáforas de segunda mano. Estoy seguro de que no debe ser fácil ser ella, aunque solo sea por ser yo.

-Con un poco de suerte habrá sobras de pizza en la nevera.- Pienso. Realmente soy un tipo afortunado, y eso no lo diría un pesimista.


V Excentricidades

Un dolor muy fuerte me sacude la cabeza, son martillazos sin sentido que me atolondran, me están descomponiendo. Serán las lentillas o el puto tono de despertador que me ha hecho sacudirme en la cama ha estas horas de la mañana, joder solo son las tres de la tarde.

Hoy es canela, hoy es domingo. La mayoría de domingos me duele la cabeza pero ya es como un ritual al que me vengo acostumbrando. Desde que mi padre se fue de casa, los domingos son más tranquilos. Los buenos días de mi padre en nada se parecían a los de Guido para con su Dora, los berridos, golpes en la puerta y sonrisas sarcásticas eran los que me despertaban de mi quinto sueño, pues aunque la gente se empeñe yo nunca sueño el sexto. Recuerdo aquella vez que mi padre golpeó la puerta, ni un neandertal en celo hubiera sido tan escandaloso, de entre los montones de cojines y mantas emergió mi mano derecha con el dedo corazón indicándole que podía volver por donde había venido. Escuché una risa, lamentablemente demasiado tarde, para cuando quise darme cuenta el ogro se dirigía hacía mi y tomó el colchón tirandome a mi en el suelo. Desperté in sofacto de mi aparatoso sueño y lo observé desde el suelo con los brazos en jarras aguantando la risa. Mi primera reacción fue el cabreo pero ante tal espectáculo rompí a reír. Mi padre me levantó del suelo y volvió a colocar el colchón en su sitio.

-Cabrón-Le dije entre risas sacudiéndome el pelo.

+Y más que lo voy a ser, te toca fregar la cocina.- Y con aquel mensaje halagador se fue, esta vez si, por donde había venido.

La relación con mi padre siempre fue muy particular, tenía la auténtica virtud de encenderme casi sin necesitar chispa, pero son estas las personas que más he querido en mi vida. Las que no necesitan nada más que un poco de gasolina para prenderme el alma. Discutíamos por el canal de televisión y la historia de las potencias mundiales, y como estas se habían involucrado en las mayores masacres bélicas sin descuidar que no se quemaran los huevos de la sartén pequeña.

Mi padre nunca me enseñó a ir en bicicleta. Sí, ahora que lo pienso siempre he sido un niño repleto de excentricidades. Odio la sopa, sobretodo cuando hace frío. Me irrita la humedad por eso quiero irme lo antes posible de la costa, aunque ya no pueda ver el mar. Nunca me como las puntas de las salchicas ni camino bajo el borde de los balcones. Tengo vértigo, mucho vértigo pero siempre supe saltar fuerte cuando debía.

Aprendí a ir en bicicleta a los doce años, cuando todos los niños de la calle ya hacía veranos marchaban sobre ellas. Tuve que aprender solo. Me deslizaba por la bajada que llevaba a la panadería de la esquina y volvía a subir la bicicleta para volver a lanzarme al vacío. Yo solo, contra todos. Cuando mis rodillas ya estaban, lo que consideraba yo, lo suficientemente castigadas bajaba por última vez hasta la panadería y si con suerte llevaba algún céntimo en el bolsillo compraba una caña de crema. Odio el chocolate.

Es curiosa las relaciones que se establecen entre ciertas personas, la tarde después de mi primer beso entré en la panadería dispuesto a satisfacer a mi gruñón estomago que se reivindicaba por energías. La panadera una mujer poco agraciada de mediana estatura me sonrió al entrar y me cantó: "Se te nota en la mirada".

+¿Que dices Montse? Murmuré sin perder de vista el escaparate y las pastas rellenas con esa fina y deliciosa masa barnizada de azúcares. El olor me travesó las fosas, casi podía notar, deshaciéndose en mi boca, el pan crujiente que se cocía en el horno.

-Yo digo, pequeño jovenzuelo- Estúpido epíteto pensé yo.- que estas enamorado.

+ Ponga me una caña de crema por favor- Le dije a modo de respuesta.

La panadera que percibió mi esquiva respuesta tomó la pasta con las pinzas de acero y la envolvió en un papel fino con el dibujito desafortunado de unos muñecos de Navidad. Valga recordar que era verano.

Salí de allí con una asombrosa duda en mi mente : ¿Que es estar enamorado?

No estaba seguro de ello, pero si lo decía una panadera no debía ser nada bueno, esa era otra de mis excentricidades. Nunca te fíes de un panadero, saben más de lo que muestran.

Cualquiera, incluido yo, diría que aquello fue una simple coincidencia pero cada vez que aparecía una nueva mujer en mi vida la panadera entonaba la canción antes de que yo abriera la puerta. Será intuición femenina, conexión de almas, el Yeti o una casualidad. Pero hasta el día de su muerte supo apreciar el brillo de mis ojos enamorados, siempre.

Aquella tarde la pregunta sin respuesta todavía rondaba por mi mente, parecía que corría más que mi yo en bici o el tren de RENFE, aunque eso no es nada difícil. Finalmente me aventuré a preguntarle a mi madre aquello que tanto me intrigaba, aparecí por la puerta del comedor pesaroso y abrumado.

+¿Que te pasa hijo?- Mi madre levantó la vista de su libro. Mi padre estaba en la mesa del comedor, manteniendo las distancias, jugando al ajedrez.

-¿Que es estar enamorado mamá?- Dije dejando sobre la mesa el arrugado papel de la panadería.

Mi madre me miró mientras se mordía los labios y buscaba la respuesta en los ojos de papá.

+Cariño, ¿tu recuerdas el beso que se dan Julia Roberts y ese actor de ojos azules...si...como se llamaba, Hugh! Hugh Grant en la película que vimos el domingo pasado? - Yo asentí con la cabeza confuso- Pues eso es lo que hace la gente cuando esta enamorada.- Mi madre sonrió satisfecha y agregó-Pero eso nunca lo entenderás hasta que no seas más mayor.

La respuesta de mi madre me dejó insatisfecho, en mi interior, dentro de mi caja torácica los pulmones que aún no habían sido agredidos por la nicotina se agitaban nerviosos, sabía que aquella no era la respuesta, o al menos la respuesta que yo quería escuchar.

Mi padre se volvió hacía mi y me indicó que me sentara delante del tablero. Me miró de una manera que no logré entender hasta que realmente, fui mayor.

+Hijo, amar es jugar todos tus peones por un solo rey.

VI Fianchetto o las casualidades femeninas memorables de mi vida.

A veces las cosas en la vida pasan demasiado rápido. Es cierto que el tiempo es relativo, o eso decía Albert. A veces recuerdo las cosas como si hubieran sucedido en míseros segundos cuando realmente estuve una hora sentado en el banco hablando con algún personaje anónimo que ha pasado por mi vida.

Todos formamos parte de una gran obra Shakesperiana, todos nos creemos que somos o podemos llegar a ser un buen Hamlet y a veces ni si quiera llegamos a ser un simple apuntador.

Reconozco, porque lo sé, que los recuerdos que evoco son mitad ilusión. A veces me cuesta recordar el color de aquellas tardes pero siempre acabo por matizar el olor.

La importancia de la agilidad en la vida es algo que aprendí yo solo, en mi pequeña escena, en mi pequeño monologo. Me dí cuenta de lo importante que era tanto la agilidad mental como la física cuando tuve que esquivar el beso de una estrambótica señorita. Recuerdo que era una tarde marrón, sí y el ambiente del bar era de un café suave, húmedo y dulzón. Nos conocimos aquel mismo día charlando en las mesas que estaban junto al futbolín, ella no era de allí. Simpática, divertida con una prominente mandíbula y unas pestañas largas y oscuras. La acompañé hasta la estación de tren mientras debatíamos sobre el nuevo plan de economía y el cielo se oscurecía. Me dí la vuelta para encender un cigarro y al girar sobre mi se lanzó a mis brazos y me besó, tierna y rápidamente. La miré sin saber que decir.

+¿No vas a quejarte?

-No, ha sido divertido.-Murmuré pensando para mis adentros la dí la mano y me sonrío.

La vi marcharse con el viento azotando su melena y el sol radiando en su piel.

No he vuelto a verla. Espero que haya encontrado otro que sepa mentir mejor que yo, con suerte habrá estudiado una carrera de abogacía, tendrá un novio formal y olvidará su anécdota en un par de años. Mientras que yo la mantendré en las líneas de mi memoria, para nada selectiva.

Otro de mis dulces fianchettos fue en el metro de Barcelona. Había abandonado mi pequeña y tranquila ciudad por unas horas para comprar un lienzo a Frida. Cuando ya había recorrido todos los suburbios subterráneos del metro hasta llegar al andén subí mareado y agotado al gusano metálico. Bajé en dos paradas y cuando las puertas se abrieron una ninfa de ojos redondos de color turquesa, me miraba desde el andén, para mi fortuna olvido la dicha " dejen salir antes de entrar" y su pequeño y frágil cuerpo se estrelló contra el mío en un intercambio de fuerzas. Se puso roja y se mordió los labios. Compartimos una de aquellas miradas en las que se reconocen dos almas, a veces creo que mi propio yo esta repartido por varias personas en el mundo, aquella chica era una de ellas, me había reconocido en sus dos soles. También fue una de esas miradas que excitan al miembro y tan rápido como puede evoca una serie de imágenes ilusorias sobre la posible postura de dos almas en la cama. La chica en cuestión iba acompañada de otra chica más pequeña y regordeta , me miraron y se rieron.

El metro se puso en marcha, instintivamente volví la cabeza hacía atrás ella aún seguía mirándome hasta que desapareció en el túnel. Jamás he vuelto a verla. Con un poco de suerte será bailarina profesional y se enamorará del profesor más cabrón de ballet. Espero que no acabe en ningún centro de trastorno alimenticio.

Seguramente os preguntareis que pasó con Frida. Como conocí a ese demonio de pies pequeños...

Fue en verano, esta vez de verdad. Estaba tomando algo en un pequeño bar de letrero ilegible con suciedad amotinada por capas sobre sus copas cuando una bicicleta sucia y destartalada aparco delante de la puerta.

Llevaba un vestido blanco, descosido que resaltaba en su piel aceituna y el pelo recogido en un moño desordenado con un pañuelo verde. Llevaba los brazos llenos de pulseras y abalorios que resonaban como pequeñas campanillas al moverse, cogió su bolsa y se sentó a mi lado. Olía a café, nicotina y óleo. Llevaba las manos y los brazos salpicados de colores. Pidió una clara y escudriño en su bolso. Por el gesto de su cara y el mechero de su mano deducí que buscaba su paquete de tabaco. Impulsado por la necesidad de intentar llamar la atención en un segundo de su vida le ofrecí uno de los míos.

Me miró con sus ojos de serpiente verdes esmeralda, desconfiada y a la defensiva. Casi creí perder el conocimiento cuando la tuve frente a frente. Nariz pequeña, pómulos marcados, labios gruesos y rojizos. Esta vez no me sentí reconocido en parte, sabía que aquella mujer era mi otro 50 por cien.

+No, gracias- Fue seco, rápido. Casi no me dolió.

-Insisto- Contesté. ¿Por que cojones dije eso? Fue mi sentencia de muerte. Ella negó con la cabeza y encendí el cigarro dejándolo sobre la mesa.

+Se consumirá solo.

Ella me miró de arriba a bajo perforándome, después miró al camarero aburrido observando el Tour de Francia y tomó el cigarro, apunto estuve de sentir satisfacción por su rendición cuando se levantó y acercándose a la barra le ofreció el cigarro al camarero que sorprendido la invitó a unas tapas. Volvió a sentarse, conocedora de su triunfo y observó con gusto mi cara de idiota.

-¿Te apetece una oliva?- Dijo sonriendo mientras cruzaba sus largas y suaves piernas.

Yo tragué saliva y encendí otro cigarro.

-Me llamo Frida- Y ni si quiera me tendió la mano, no le hacía falta.

El tiempo se detuvo por un instante, no me interesaba nada de mi alrededor. Podía acabarse el mundo en aquel preciso instante que yo solo quería tumbarme en sus pechos. Era increíble.

Se levantó despacio y contoneándose hacía mi,me susurró al oído: "Cómprame un lienzo, dime que me quieres y seré tuya, para siempre."

*Fianchetto: En el ajedrez, es un término que indica una forma especial de desarrollar el alfil.

VII La locura roja


"Estamos conjugando como locos el verbo amar" Henry Miller.

Cuando mi madre me decía : Te quiero, al oído despacito por las noches al acostarme implantaba la semilla de la calidez otoñal en mi mente. Mi madre siempre me decía te quiero, por las mañanas acompañado de un vaso de leche fría, jamás caliente, y una magdalena, al medio día cuando me marchaba por la puerta con la gigantesca mochila que debía amortizar pues según mi madre crecería muy rápido y por la noche después de cepillarme los dientes y sentir ese olor fresco a menta en mi boca. Mi madre me decía te quiero cada día y por eso yo quería que lo dijera menos.

Mi padre nunca me dijo textualmente : "Te quiero". Nunca ha pronunciado esa palabra, no creo que lo hiciera ni si quiera el día de su boda, ya que se casó porque mi madre le pidió que sentara cabeza y así salió el experimento. Pero si mi padre me hubiera dicho alguna vez te quiero se habría parecido a algo así como lo que me dijo el día de Navidad: Yo solo quiero que cuando tu escojas dónde y con quien estar sea por que tu lo has decidido así, yo te dí la vida en libertad. Cuando escojas que sean tus decisiones y no las de los demás , eso te llevará por el camino de la felicidad hijo y ¿sabes que? Eso es lo único que yo deseo para ti.

Con el paso de los años me dí cuenta de que cada persona tenía una manera de amar distinta al resto y que todas eran válidas por igual, que alguien no te quiera como tu quisieras que lo hiciera no quiere decir que no lo haga, en absoluto. Me aventuraría a decir, si no fuera porque es falso, que hay tantas maneras de amar como estrellas fugaces que cruzan en el universo.

Pol ,un amigo, también me dice "te quiero" los días de mi cumpleaños, creo que reserva la "mariconada" para la fecha señalada. Alguna compañera de la universidad como Sol, se despide con un rápido y leve "te quiero" que se lleva la corriente del metro cuando se queda en Sants y yo no me llevo nada. Solo soy consciente del cariño que puede emerger entre la piel de la gente. Ahora en una de esas tardes que vuelvo a casa, cansado, aturdido, sudado, masticando chicle y con la mochila a las espaldas pienso en los te quiero que he robado. Cuando las parejas rompen, ¿donde va todo el amor que un día se profesaron? ¿Se refugia en los "te quieros" olvidados? O tal vez en las promesas de un mañana-juntos-siempre. A estos pensamientos ni si quiera les sigue mi sombra, caminan demasiado deprisa, el corazón esta en forma.

Reconozco en mi muchos defectos de serie, adaptados a la sociedad y heredados de mis padres. Uno de ellos es la incapacidad de ponerme en la piel del otro. Cuando Amanda me dice te quiero me pongo nervioso, no se que contestar, quiero decirle que yo también, no como ella quisiera pero si a mi manera, que le deseo lo mejor que quiero que sonría. Cuando lee mis dudas en mis manos temblorosas y se le ponen los ojos llorosos me odio a mi mismo, no debí empezar con esta historia si aún no era capaz de enterrar los recuerdos verdes de Frida. Pero soy un ser humano, necesito de la compasión, no puedo evitar dejarme querer, aunque sea un poco.

He conocido muchos te quieros en mi vida, de infinitas formas, diferentes voces y con muchos y distintos propósitos pero no he conocido más te quiero como los de Frida, porque sencillamente, nunca los conocí, nunca existieron. Son esos te quieros intangibles, inexistentes, mis ojos eran los de Amanda, dulces, suplicantes clamando misericordia por ocho letras que quería oír, pero en eso Frida siempre jugó limpio. No era una mentirosa aunque yo... quisiera que lo fuera.

VIII Todo, Nada, Siempre, Nunca

Espero que conozcáis la sensación de compartir, si no la conocéis dejar de leer porque eso quiere decir que no habéis amado y sinceramente, no creo que entendáis nada de lo que pueda llegar a decir, al menos como a mi me gustaría.

Antes de Frida hubieron algunas otras, uno no sabe el momento en el que aparece esa persona, solo lo sabe cuando le esta sucediendo. Esas otras las guardo con cariño en los cajones de pijama, a Frida la tengo bajo la almohada, en los sueños y demasiadas veces en mis calzoncillos.

Ya conocía la sensación de "amor" que algunos experimentan durante su primera lactancia en los pechos de mamá, conocía el sabor húmedo y caliente de un beso, la caricia tierna de una mano, pero realmente no sabia nada del amor. La verdadera aventura amorosa es aquella que abre tus fronteras, divisa caminos y te hace andar por senderos que siempre han estado ahí, pero escondidos. El amor es la mayor potencia para descubrirse a uno mismo.

Después de aquellas experiencias juveniles, no por ello menos importantes, pensé que nunca más volvería a experimentar el amor de otra forma, creí, pobre ingenuo de mi, que ya había conocido el amor, lo que se siente al estar enamorado y todas esas estupidezes que tienen que ver con la fantasía ilusoria de la juventud.

Con la rutina, los estudios, las clases y las discusiones en casa llegué a desear que hubiera una oficina del Inem para el corazón.¿ Un poco de felicidad? Si, sala 5 por favor, ¿ha traído el libro de relaciones? ¿Dónde quiere que le marquemos el fin? Al ser posible en el reverso de la libreta, cuando me muera, contestaría un anciano. ¿Donde demonios hay que coger número para encontrarte?

Y cuando pierdes la cuenta, un día cualquiera de esos que sigues estando estresado, bajando al perro, jugandote una multa fumando en el parque de al lado, un domingo cualquiera...Sí, un domingo esos días que asociamos con las familias en bici y la gente paseando a sus perros, cuando normalmente hace sol después de un sábado de lluvia aparece la persona y has perdido el número, te lo ha robado un pájaro o lo ha mojado la lluvía. Eso si tienes tan mala suerte como yo.

De repente te ves envuelto en una espiral de circunstancias adversas tan desconocidas a ti mismo como el extraño que se levanta junto a ti en el espejo. Los amigos de Frida se drogaban con ella cuando yo fumaba mi cigarro contemplándolos impresionado. No tenían miedo a nada, ni a nadie, eso es lo que me asusta de la ignorancia, desconocedores del daño que estaba provocando en ellos aquellas sustancias seguían injectandoselas sin parar de reír, ahora supongo debería haber omitido el detalle de mi cigarro. Soy un puto drogadicto.

Nunca pensé que fuera capaz de soportar eso y lo que más sobrepasaba mi entendimiento era como un ángel podía estar tan cerca de los infiernos y no pertenecer a los siervos de Lucifer. Frida resplandecía entre ellos con su vestido blanco, brillaba, vibraba y se deslizaba a mis brazos para volver a bajar a los inframundos de vez en cuando. Frida me descubrió el altruismo que creí perdido, robé para pagarle los caprichos y descubrí mi yo ladrón, pícaro y justiciero, con ella mentí a mis amigos y me percaté de la poca importancia que tenía mi palabra cuando se trataba de Frida. El amor te ciega, es la peor droga. Con ella me dí cuenta de mi elasticidad y con el tiempo pasé a alejarme de todo aquello que había conformado mi vida antes: mis padres, mi padre, mis pocos amigos, mi perro, mis pantalones...

Frida me enseñó que no existe límite para el sentimiento y que eso, eso es lo más peligroso de sentir.

En las cajetillas de mi mundo suele advertir : Amar puede matar.


IX Sobreviviré


Hay algo que nunca se seca en el corazón humano...la esperanza" V.Holt

Comunica...comunica...comunica...

+¿Sí?-Responde una voz dormida.

-¿David?-Pregunta una voz cansada.

+Sí, ¿Diego? ¿Eres tu Diego? ¿ El Diego de la Frida?- Mi amigo me había reconocido rápidamente, según él, sólo dos personas pronunciaban su nombre con tanta "propiedad", yo y su madre.

-Si, David, ese mismo.

+¡Joder, tio! ¡Cuanto tiempo! Uy, esperate porque...-Escuché como se movía torpemente entre las sábanas- Espera un momento tio- Me volvió a repetir bajando la voz. Esperé.

+Es que pavo, tengo a la parienta durmiendo al lao y no quiero despertarla que no veas como esta últimamente,¿que hay tio, que es de tu vida?

Esto es lo que me gusta de David, llevo tres años sin hablar con el, sin cruzar palabra. Vive enfrente mio y parece que todo este tiempo no ha transcurrido para el. Es amigo de Frida desde antes que le crecieran las tetas, como ellos decían eran amigos de barro y sangre.

-Prefiero que me hables de ti, dime, ¿como te va?

+El como te va ese es mu relativo, colega como tu decías. No sé tengo curro en una empresa de transportes, que el jefe es un hijo de puta, sabes¿nen? el otro día...

David seguía hablándome de sus penurias en Mercabarna mientras yo observaba el cuerpo fino y ligero de la dormida Frida que yacía en mi cama. Desnuda, parecía una guitarra.Con el cabello suelto, negro, húmedo de calor sobre la almohada.

+Tio,¿ estas?

-Sí, si perdona. Son las vistas que me distraen...

+Hijo de puta, asómate al balcón pedazo de cabrón que hace siglos que no te veo!

-Eso si que es relativo, David, me ves cuando bajo a por el pan..-Dije dirigiendome hacía el balcón.

+Mira, no me jodas eh. Que el pan lo compras cuando se te acaban las tostadas, joder yo ya se que cada uno ha hecho su vida ¿sabes? Tu estas estudiando y esas cosas, que yo me alegro mil por ti, pero unas birritas, me cago en la ostia tío que...¡JODER! ¿Eres tú?

Me preguntó cuando le saludé con la mano tímida desde el balcón encendiéndome un cigarro.

-Claro, tío.

+¿Esta Frida contigo?- Aquel silencio se hizo desolador. Noté que un agujero negro que oprimía mi pecho se incrustaba en mi interior.

-¿Como lo sabes?- Sabía su respuesta y aún así la quería oír.

+Porque estas hecho polvo tío... a ver hermano que tu sabes que yo a la Frida como una prima, lo sabes, pero es que joder pavo tu eres mi colega, no puedes hacerte esto...

-¡Me cago en Dios!-Grité porque el cigarrillo había caído sobre mi única camiseta de dormir que estaba tendida allí mismo.

+Diego,¡ no blasfemes coño! Que hablar bien no cuesta una puta mierda! Y ya sabes que yo creo en Dios... imagínate que Dios fuera mujer...seguro que lo es, así vamos de jodidos...

No sabía que contestarle, solo le había llamado para no estar solo, para no quedarme a solas conmigo mismo, para no escuchar los susurros de Frirda en sueños.

+Mira Diego, tu ya sabes lo que pienso de eso, es como yo y la Jenny ¿sabes? Yo como a esa mujer no he querido a nadie, tio, es que bueno tu lo sabes, que no ha habido ninguna como ella. A veces la veo en el bar del Ramón poniendo copas ¿sabes? Pero aquí estoy con la Sonia, tío, la Sonia me cuida ,me hace feliz y no tengo que pagarle vicios ¿sabes? Búscate una pava nueva, un día salimos de fiesta y te presento a unas colegas...

-¿Ya no piensas en Jenny?

Su silencio fue arrollador.

+Claro que si tío..., le rezo todas las noches a la virgen pa' que vuelva pavo, cuando la veo poniendo las copas y veo como los viejos la babean con la mirada me dan unas ganas de pegarles una paliza y llevármela, nadie le va a dar mejor vida que yo tío, nadie la va a tratar como yo, es mi princesa. La gente me dice que se le van a caer los dientes de tanta droga y ¿sabes? a tenio un hijo ella sola de un camello del barrio de la Inmaculada, ya sabes tu donde esta eso, pero a mi me da igual Diego, que yo si tengo que alimentar el error de otro por tenerla al lado, lo hago. ¿Que se pone gorda? ¿Que le sale un orzuelo? Me da igual mientras la tenga ¿Sabes? Que no puedo dejar de pensar en ella...

-¿Y porque no se lo dices?

+Tio,¿ pero tu no me estas escuchando? El mismo amor que te salva es el que asesina, mamonazo, eso me lo enseñaste tu. Yo no puedo estar siempre pendiente de afeitarme porque a la Jenny le pincha la barba además que me sale muy cara y cada vez que nos peleábamos se me rompía el alma, tío, yo es que la vuelvo a tener en mis brazos y me muero...

Y mira, que quieres que te diga, la Sonia esta bien ¿sabes? No me dice que me ponga corbata los domingos pa ir a ver a sus padres y me deja ir con los colegas al parque.

-Ojalá tuviera tus cojones...-Dije apagando el cigarro sobre mi pierna.

+Que va tio, es pura supervivencia. ¿Y con Frida que?

-Ya esta todo dicho David, tengo ganas de morirme a ver si así descanso de una puta vez. ¿Has dejado la droga?

+Shhhh, Calla, tio, calla que la Sonia no sabe na' de lo mio y la farlopa, yo que se nen, me meto menos y eso ¿sabes? Que yo controlo..

-Tu cara no dice lo mismo-Le dije apoyándome en la pared.

+Una mierda pa' ti cabrón, que de verda' que no me meto ya...tanto. No ves que la Sonia no me deja, tengo que hacerlo a escondidas cuando no me ve...lo mismo si invito a la Jenny a unas rallitas vuelve conmigo jajajajaja

-Y luego me pides que deje a Frida...

+Joder, pavo, no es tan dificil tu dile, que eso siempre funciona : No te quiero ver ma' en mi puta vida, perra! Que ya veras como se va dando un portazo y diciendo que eres un puto cabrón...

-Ya, pero...

+Si, es verda' que la Frida es mu dura...esta vuelve aunque le tires el hueso al polo norte en Lima.

-David, Lima esta en Sudamérica...

+Mira tío tu me has entendido, que yo no estudio...jajajaj, oye que se levanta la Sonia, me voy a ver que pasa ¿vale? Cuídate mucho tío, cualquier cosa,¡ sabes donde estoy maricona!

-Lo sé, lo sé. Gracias David.


Colgó y despareció del balcón con el culo al aire y las cicatrices de sus batallas.

Yo volví a mi infierno particular dónde la nínfula descansaba entre cojines y sueños de esparto. Una puta gladiadora, mi guerrera. Quería estrecharla entre los brazos, atravesarla, morírme dentro de ella. Pero no podía. Lo siento Frida...¡Que cojones! Lo siento, no lo siento. Te siento a ti no a lo que siento por ti...me voy Frida.

Y esta vez, no es para volver.

Nota del autor: Sobre la frase inicial... ¡una mierda!

X Cumbres Borrascosas

"Porque el amor no es eterno en nadie, y en mi tampoco" M.Hernandez

"La vida es eso que pasa mientras tu haces otros planes."J.Lennon

Estaba decidido, decidido a decidir que tenía que acabar.

Tal y como David colgó el teléfono busqué un trozo de papel donde escribir, pero no encontré ninguno. Estaba tan nervioso y excitado que tumbé varias veces la estatuilla chilena que me había traído mi tío la última Navidad, al fin encontré un sucedáneo de papel en un cartón de leche manchado de levadura.

El bolígrafo lo llevaba Frida en uno de los bolsillos de su apretado tejano, talla 36. Entré en la habitación a tientas, descalzo y mordiéndome los labios, como siempre huyendo.

Al fin me senté en la cocina y con una taza de café humeante y aguado comencé a escribir las líneas que algún día habrían de ser mi pasado. Nunca he llorado, no sé. A muerto mi tío, mi padre se ha marchado, he visto amigos caer en la desesperación de la dependencia y ahora digo adiós al único, pero no último, amor de mi vida. Y ni una lágrima se asoma ni corre la mejilla, no sé llorar, nunca me enseñaron.

Me tiembla la mano y creo que la cabeza esta apunto de estallarme, me vienen unas ganas locas de tirar el cartón y volver a la cama caliente y suave junto a Frida, pero eso sería más cobarde y hoy estoy dispuesto a saltar por la ventana.

"

Estoy cansado, Frida tanto que te voy a dejar a ti y a la carrera. Estoy harto de que las cosas no salgan como yo quiero, que jodida razón tenía John Lennon...Mira Frida, sabes lo mucho que me va a costar esto, pero ya nada me ata aquí, sólo tú. Y voy a cortar ese hilo, ¿con que tijera? Con la de la supervivencia e indefectiblemente la valentía, de esa que ambos pensamos que carezco. Me voy a ir maleta en mano a conocer mundo, a bañarme en los ríos del sur y perderme en los bosques del norte, si me voy no es para volver, más raído en el alma y más curado de ti para, cuando vuelva, chutarme una dosis que me deje muerto, alguien me ha convencido de esto: El mundo debe de ser algo más que la frontera de tus brazos, estoy seguro. Otra cosa voy a decirte, estas ahí dormida y con la misma certeza que se que un día he de morir se que voy a quererte, siempre. Aunque siempre resulte ser mucho tiempo. Pero ya basta, espero que para cuando vuelva hayas muerto o las arrugas te hayan hecho irreconocible, que no pueda verte más allá de ese pelo blanco y débil que se te va a quedar, y aún así tus ojos seguirán siendo los mismos.

Y ni si quiera el paso del tiempo construirá un muro suficiente grueso para que yo no lo pueda atravesar, habrá otras, te lo juro, voy a acostarme con todas las mujeres que sean un poco tu, sin ser yo. Voy a hacer que me palpite el miembro de tanto echarte de menos, pero no a tu risa, no.

Que te den Frida, eres una puta zorra.

Que te vaya bonito, no...mejor, que te vaya de muerte"

Respiré hondo e instintivamente intenté doblar mi carta sin mucho éxito, coloqué el cartón en la mesita de noche y como si de un presagio se tratara la mano de Frida se deslizó sobre la cama hasta su pecho izquierdo. No creo que te duela tanto como para llegar hasta ahí , pensé, y lo que daría yo porque fuera así.

Cogí mi chaqueta de cuero y el paquete de tabaco, veinte euros que había bajo una maceta de Marihuana y el libro : Un árbol crece en Brooklyn. Lo llevaba todo, menos el alma que se me había caído a los pies y pesaba tanto que evité la despedida. Me volví hacía la puerta, estaba lloviendo. No quise coger paraguas, si un desdichado catarro pretendía acompañarme en esta utopía no iba a ser yo el desagradecido que lo echara de mi camino. Cualquier compañero puede salvarte de la soledad.

No llegué a la boca del metro tres calles más abajo que en mi teléfono sonó el sonido de un mensaje recibido. "Frida" titulaba, ¿Y si se había hecho la dormida? ¿Y si me había dejado marchar? Tal vez un pequeño reducto de su corazón había sentido pena por este mugriento vagabundo falto de calor, tal vez solo por eso debía volver, por fin Frida se había humanizado, ahora solo faltaba saber que citaba aquel mensaje y en cuanto lo leí se me cayó el móvil a un charco.

"Soy una puta zorra, lo sé. Y ¿sabes lo mejor? Que a ti siempre te encantará."


XVI

+Mira...me gustas mucho pero ya estuve con un hombre que creía tener todas las respuestas.
-¿Y cuales eran tus preguntas?
+Ese es el problema, que no hice ninguna.

martes, 25 de octubre de 2011

La suerte es de los valientes.

Son esos dos desconocidos que cruzan unos segundos la mirada en el bus y piensan durante todo el día el uno en el otro. Es un día de lluvía de esos que amanecen frescos, endurecen la tarde y te manchan los pantalones de barro. La hora es inexacta, porque el bus siempre llega tarde.
Él es un niño perdido con gabardina azul y el corazón metido en un saco de dormir. Ella una poeta maldita atrapada en la mudanza de su piso y la esperanza guardada en el bolsillo.
Un sudario de olvido los cubriría esta noche, si no fuera porque ella se ha dejado sus llaves en el asiento. Para más suerte él no pensaba volar esta noche a Nunca Jamás.

Baja corriendo y la toma del brazo:
+Perdona...¿Puedo salvarte?
-¿De qué?
+De pisar ese charco. Te invito a un café.

No vuelvas.

Existen recuerdos
que son olvidados,
a voluntad.

A golpe de martillo oxidado,
a grito asfixiante del caballo,
que ondula sus crines
bajo la libertad de las flechas
que seccionan el viento.

Mi voluntad
es matarte.
Acabar contigo
para que no vivas en mi.

Matar tu recuerdo,
y que se me llenen los sesos
de tu sangre verde.
Y que mis retinas
no te reconozcan nunca más los pasos al llegar.
Que mis uñas no sean armas
con las que retener tus miedos.

Y taparte esa boca con arena
para que no puedas pedirme
que vuelva.

Esa boca que no entiende más
que de dobles filos
y juegos en la cuerda floja.

Heridas de erizo,
que hiciste a traición.
Devuelveme el aliento
que has gastado,
devuelveme el tiempo
que has roto.

Y ojalá nunca te arrepientas
para que no encuentres excusa,
en la palabra perfecta,
que es tu retórica mortal.

Hagamos un pacto:
No vuelvas,
Nunca.
y Yo, te echaré de menos.

sábado, 22 de octubre de 2011

Girasoles incendiados.

Desde que te marchaste, empezó el otoño.
Te imagino en cualquier lugar, en una lágrima tal vez, dentro del brillo de un cometa.
¿Sabías que el cielo de Octubre podía tener este grís?
Hoy las calles no me dicen nada, están vacías, estan cerradas a la vida.
Espero que estés en un lugar más tranquilo que esta mente que solo hace que darte vueltas.
Siento mantenerte presa.
Siento mantenerte presa, en mi.

Siempre significa :estar a tiempo.

La fuerza de la Nada, absorve la religiosidad del Todo.
Menos siempre puede ser más.
Es en lo oscuro dónde se haya la claridad.
Para abrir los ojos,
hace falta algo más que párpados:
hace falta voluntad.

Pueblo.

Rodaré maldiciendo,
escupiendo tu nombre con sangre.
Y cuando caiga sobre el líquido espeso del enjambre...
Sabrás mi nombre.

miércoles, 19 de octubre de 2011

XIX

Necesito que te importe.
Necesito que te provoque,
lo más mínimo.
Lo necesito.

Batallas perdidas.

He dado todo en esta guerra
pero en los ojos de sus muertos
no he podido ver nada
que razone la sangre y las vísceras.

Después de estar tan lejos de casa,
aunque el himno suene
la bandera ya no es mi hogar.

No reconozco las sonrisas de honor,
me dan arcadas,
y verguenza el titulo de héroe.

Ahora y sólo ahora sé,
que las batallas existen
pero para el hombre son siempre
campos dónde mueren los hermanos
y germina la soledad.

jueves, 13 de octubre de 2011

Para que no me olvides.

Se iba a marchar y ninguno de los dos sabíamos por cúanto tiempo. Por cúanto tiempo no volveré a saber nada de él. Hemos decidido no despedirnos, porque los dos odiamos las despedidas. Aprovechamos los últimos minutos de batería disfrutando de la compañía, riéndo, diciendo tonterías porque lo más importante estaba implícito en cada palabra.
Y cómo los dos sabiamos, la conexión llegó a su fin. N A D A. Desapareció. De repente se hizo el silencio y ya no estabamos allí. Ni aquí. Ni en ninguna parte. Nos separamos de golpe y sin dolor.
Sonreí al saber que allí en ese instante empezaba tu viaje y yo me quedaba aquí, sin más que eso: palabras diluidas y un sabor de amargo desconsuelo.

Ímplicito estaba que pensaba echarte de menos, Endika Garmendia, voy a echarte infiníto de menos. Porque eres el único que sabe devolverme a la vida, sin empujones, y me colocas en el camino tan suavemente que parece que nada malo hubiera ocurrido.

Quiero que aprendas, que descubras, que experimentes, que explotes, que decidas, que tengas miedo , quiero que conozcas mujeres impresionantes ¿me oyes? impresionantes, quiero que te rías y que escribas, quiero que disfrutes y pierdas el vértigo y el insomnio, quiero que pienses en mi y que ello no te de pena si no más ganas y valor para seguir.

Quiero que sepas que en tu viaje, en los momentos duros, lo nuestro siempre está de paso y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Yo te espero al final del camino con el brillo de la ilusión en los ojos.
Estoy muy orgullosa de tí.

Buena suerte, compañero...
Buena suerte.

jueves, 6 de octubre de 2011

II

¿Te atrincheras en mi pecho sin derecho y pides que no grite?
¿Cómo no sentirse vencido cuando el viento se mueve loco sin dirección?
Todo se basa en construir puentes y olvidarse de las islas.

¿Que hay de ti?
¿Aún nos recuerdas?

Octubre,

Cuando mañana despierte, sabre quien soy: Mentira.
Las estrellas no me esperarán para morir.

El sentido no fluye, (im)pone la piel de gallina...
Tengo miedo de cerrar los párpados
y lastimar mi sangre con la melancolía.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Orígenes.

Si tu me desaparecieras,
media vida mía,
se iría contigo.

Dejaría de tener sentido:
la política, el valor
el hambre, las ganas de vivir.
Dejaría de tener sentido el sentido,
y las conversaciones diarias
que tenemos cada noche.

Yo misma dejaría de pretenderme si me faltas,
porque sin ti,
no me entiendo.

Te necesito;
tu mano atenta sobre el hombro
y tu voz que anuncia lo que hago mal.

Te necesito;
aunque a veces desearía que desaparecieras...
del firmamento, de mi vista.
Aunque jamás lo deseo de veras,
para no morirme.

Porque sin ti,
(YO) no soy.

Eres parte innegociable de mi existencia.

A mi padre y a todos los buenos padres del mundo.