Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Un poco tuya y de todo el mundo.

"Un poco tuya y de todo el mundo
no tengo dueño, no soy tu esclava,
de aquí de allá,
soy vagabunda, siempre de paso"



Ya no se vivir,
bajo la oscuridad del tiempo
ni el yugo de las doctrinas
los dogmas son mentiras
mentiras colectivas.

Ya no reconozco en mí
la propiedad privada,
"la pago, porqué es mía"
Yo ya no sé , ser esclava.

Me gusta sentir que
me pertenezco;
a las sombras,
al movimiento perpetuo,
al insaciable conocimiento.
Ser libre sabiendo
que sólo yo
soy mi gran proyecto.

Inquieta y peregrina
de tus lunares,
de sus poemas

soy una trovadora sola
que no añora las cadenas.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Gracias por resistir.

"Gracias por resistir" Dice un papel azul maltrecho con letra en mayúscula sobre el que dormí la primera noche que pasé en Plaza Catalunya y que aún conservo en la pared de mi habitación.

Hablo desde la parte más humana que he podido encontrar en mi corazón. Hablo desde lo más lejos que he podido mantenerme de mis prejuicios. Hablaré , hoy, desde lo más lejos de las políticas que podrían identificarme.

Hablo hoy y ahora sobre el proceso y el progreso que he vivido desde que empezó este verano la ocupación de las plazas. Conocerse a uno mismo es una aventura que dura toda la vida, para aquellos que se han aventurado desde la conciencia más primitiva saben que dentro de ellos hay reflejos pálidos que no aceptan la violencia, la violencia a la integridad física de una persona que dice lo que piensa, no aceptamos la represión, la represión que silencia las voces que se alzan, no aceptamos las injusticias, injusticias que existen en cada desahucio donde familias como la tuya y la mía se ven arrojadas a la calle cúando hay viviendas vacías, hablo de aquellas cosas que lejos de la política, en nuestra conciencia y moral humana sabemos identificar cómo el bien y el mal.
No hace falta ser comunista, ni anarquista ni republicano para reconocer una represión, para luchar por unos derechos legítimos, para identificar la corrupción ni el abuso de poder. No hace falta una etiqueta, sólo hace falta sentido común.

Sentido común que nos han arrebatado, pisoteado y devuelto para convertirnos en autómatas que obedecen a las voces políticas que responden a los mercados. A un sistema capitalista que prima a la economía pasando, obviando y en consequencia matando la vida y la dignidad de las personas.
Sentido común que en un pacto perfectamente elaborado ha sido manipulado, recortado y transformado por los medios de comunicación que han reescrito la historia como siempre ha sido, desde el ojo del poder . Si ellos no hablan de un suceso, este simplemente no existe.

Sentido común que este sistema ha atrapado, asfixiado y desvirtuado para que olvidemos de aquello que somos capaces. Autogestionarnos. Ser amos de nuestras propias decisiones en vez de delegar estas a gente que no pensará en el interés común.

Campañas electorales que se basan en falsas promesas, bonitas corbatas y bipartidismo, una dictadura encubierta dónde aquellos pocos que se atreven a abrir la puerta a la verdad son ridiculizados, tachados de locos, antisistema y vendidos como escória de la raza humana.

Cada día somos ametrallados con mensajes subliminales, imágenes , noticias, campañas manipuladas, quieren que respondamos a un modelo de consumismo, quieren que creamos que aquellas mujeres que pasan de la talla 38 son gordas, ahora les apetece que las pecas esten de moda sin darse cuenta de que todos somos belleza. Quieren que creas que para ser; debes tener. Tener la mejor televisión 3D, el mejor coche, el mejor sofa....Quieren que creas, para tenerte en sus manos.

La ocupación de las plazas y su largo proceso posterior demuestra claramente una de las muchas cosas que querían ocultarnos: podemos autogestionarnos! No al delegacionismo. Obediencia es suicidio!
El sistema no es algo extraño, fuera de nosotros. El sistema somos las personas. PERSONAS. Nos han escondido de nosotros mismos. Nos han reducido a números.

Y no lo somos.

Somos Personas capaces de luchar por lo que creemos justo,
personas con derecho legítimo a hacerlo.
La desobediencia civil no es violencia,
lo violento sería quedarse quieto.

La trampa está muy bien hecha, lo digo desde lo más cercano a la memoria de una mujer que estuvo engañada. Abrir los ojos es difícil y vivir cada día conforme a lo que crees es una lucha de valor contra tí mismo, pero al final todo se reduce en una carrera de fondo.

Gracias por resistir, y resistir(se) has de saber que seas quien seas, hables el idioma que hables y tengas la edad que tengas sigo resistiendo, el camino es difícil, lo juro pero allí donde estés; estoy contigo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sucede. Interludio.

No me gustan los lameculos. No me gustan nada, nada en asboluto. Los odio. No existe ser más repugnante en la faz del sistema. Por eso no me gustan los hombres que a pequeña escala venden su palabra por un coño y dentro de la empresa su ojete por un fajo.
Odio a los hipócritas pero más a aquellos que lo hacen esperando obtener algo a cambio, estos son los peores. A mi me costó "amigos", trabajo y un gato ser sincera. Porque odiaba a ese gato y mi novio decidió hacer de sicario. Después lo empujé yo a él por las escaleras, no por lo del gato porque a él le encantaba si no porque se había traicionado a sí mismo por meterse en mi cama. ¿Quien confiaría en alguien así?

Por eso cuando conocí a Aitor; tan exquisito en el arte de la ignorancia, tan tremendamente portador de la verdad...le importaba un carajo decir lo que pensaba aunque aquello acabara con el mundo conocido o los poetas de la galáxia. No quería caerle bien a nadie, no tenía ningún interés en que le persiguiera una nube de grosería, no necesitaba los elogios malditos de cualquier idiota con complejo de artista.
Aitor utilizaba el cinísmo y la ironía como herramientas indispensables para la supervivencia en sociedad. No podia estar quieto más de veinte minutos en un sitio y era extraño las veces que podias verlo sentado tomando algo en cualquier parte. Siempre venia, se iba, desparecia y volvía a aparecer, detrás tuyo, a tu lado cúando menos necesitabas verle y lejos de tí cuando no apreciabas ni su sombra.
Por eso cuando le conocí, me gustó. Fue una bocanada de aire fresco en ese ambiente cargado de sonrisas falsas y prejuicios. Era el ser más libre que había visto porque no se vinculaba a los estandartes ni a la educación porque sin faltar a tu dignidad decía la realidad, podía decir : "Esta noche estás preciosa" Y sabías que era verdad.
Y a pesar de toda esa hostilidad hacia su mundo, todo ese odio hacia cada engranaje del sistema, llevaba una coraza tan mal puesta que se veía de lejos danzar a sus inseguridades bajo sus pesados pasos.
Me gustó la seriedad con la que afrontaba los temas más estúpidos, la ridiculización con la que abrazaba los dogmas y agradecí que no me mirara al escote cuando discutíamos. Me gustó que se hiciera de rogar. Me gustó y cúando quiero decir me gustó no hablo de mariposas, historias como Annie Hall ni estar enamorada. No hablo de que me temblaran las piernas o no tuviera el valor de llevarle un café para que no viera el tembleque de mi mano. No me refiero a pensar que sin él el mundo sería un lugar mucho peor. No digo : levitar, corazón, irradiar, energia ni vaivén estúpido.

Todo eso vendría después.

Sucede III

Aitor golpeaba su cabeza una y otra vez contra la fría pared del cuartelillo cómo aquel desesperado que espera en la cola del supermercado. Llevaba allí unas cuatro horas de reloj pensando en Uzi y dónde la tendrian. De repente un polícia abrío la puerta y con un gesto le invitó a abandonar la jaula.

-¿Dónde está Uzi?-Inquirió Aitor apretando los dientes.
-Tu compañera ha salido hace dos horas y se ha empeñado en esperarte. Está a fuera.-

Aitor recogió sus enseres y salió de la comisaría poníendose la chaqueta y buscándola con la mirada. Ella estaba apoyada contra la pared del edificio sosteniendo unos papeles y hablándo por teléfono. Se puso a su lado y espero a que terminara la conversación.

-Vamonos de aquí o acabaré vomitando-Le pidió mientras la cogía del codo.-No era necesario que me esperaras.
Uzi lo miró con desaprovación:
-No tenía nada mejor que hacer.

Caminaron en silencio. Aquel domingo las calles de la ciudad resplandecian alegres bajo el sol de un Noviembre gélido. Los niños paseaban en bicicleta y los ancianos mantenian sus tertulias bajo los tenderos de los edificios altos.

-¿Conseguiste que pasaran la película?-Dijo Aitor después de un largo silencio.
-Si.-Contestó tajantemente Uzi y al darse cuenta añadió- Fran nos hizo el favor.

Aitor asintió con la cabeza y se atrevió a preguntar aquello que le tenía más preocupado:
-¿Te han tratado bien? ¿O tengo que cargarme algún monillo imbécil?
-¿No sabes hacer otra cosa que utilizar la violencia para ocultar tus sentimientos? Déjalo, estoy bien.
-¿No puedo preocuparme por tí?-Preguntó Aitor acentuando el tono violento de su contestación.
-¿Ahora vas a preocuparte Aitor? ¿Tu, que te has encargado personalmente de aniquilar todo apíce de cariño que nacía entre nosotros? ¿Tu vas a preocuparte? ¿De veras? No me hagas reír.

-¿Disculpe, tiene fuego?- Le invadió un hombre en medio de la calle.
-Disculpe, ¿No ve que estoy discutiendo?-Contestó Uzi mientras se urgaba el bolsillo- Tenga, quédeselo. Así no tendrá que molestar a nadie más.

Aitor que contemplaba la escena en tensión se abanzó unos pasos esperanzado de que aquel espontáneo le salvara el pellejo, pero Uzi lo alcanzó deprisa:

-Mírame-Le gritó mientras lo agarraba del brazo y le daba la vuelta hacía ella.- ¿Cómo tienes el valor de mirarme a los ojos y con cara de preocupado dar a entender que me vas a defender cómo a tu vida y luego me tratas cómo a un perro? ¿No ves cómo me maltratas con tu cobardía? Un día me abrazas y otro es cómo si no nos hubieramos visto nunca. A veces...a veces cuando te veo, en casa, haciendo la cosa más estúpida ...doblando un calcetín, te echo tanto de menos que no lo soporto...Estoy jodida, Aitor y es por tu culpa.

Aitor respiro profundo mientras clavaba sus pupilas en las de Uzi que vibraban de emoción encuadradas en verde. No sabía que decirle. No sabía que decirle a la verdad.

-Así que no me vengas con rollos protectores de hombre de la casa porque me ayudan lo mismo que una lluvia de meteoritos. Date cuenta de los límites que pones a mi voluntad y luego habláme de amor. Tu no sabes lo que es eso. No tienes ni puta idea.

Uzi se encendió un cigarro y hizo ademán de irse, Aitor intentó detenerla.
-Déjame, Aitor. Nos vemos en casa. -Contestó Uzi zafandose de su mano y aguantandose las lágrimas.
-Pero Uzi- gritó Aitor desde dónde se había quedado, parado como una estatua- ¿Dónde vas?
Uzi se volvió para mirarlo antes de seguir pero no contestó.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Capitulo II. Shh, las estrellas pueden oírnos.

Después de aquella noche no volví a ver a Uzi en un par de meses. Sí, frecuentabamos los mismos bares, nos gustaban los mismos ambientes e incluso compartiamos algún amigo en común pero no volvimos a dirigirnos la palabra. Mi salvadora me abandonó como Dios tiene castigados a los hombres en el olvido eterno. A mi no me importaba, yo conversaba con cualquiera, me bebía mis cervezas, escuchaba algo de buena música y luego me largaba para mi casa cúando aún no estaban puestas las calles.

Una de esas noches ví llegar a Uzi con un vestido rojo y los ojos inchados, estaba preciosa. Rota, como el descosido de un pantalón , entró en el local con la mirada perdida y la nariz roja. No sé porqué en aquel momento quise que me viera, que me saludara, tal vez incluso que mostrara un ápice de su odio hacia mí pero nada. Uzi se comportaba cómo si yo no existiera.

-Tío, ¿no crees que suena demasiado fuerte el bajo?-Gritó Fran en mi oído para que yo pudiera escucharle en medio de aquel concierto de punk dónde tocaban unos colegas. Medité la respuesta un par de veces en la cabeza: voces, equipo de sonido, guitarra, bataka...si, tal vez el bajo...Y entonces Uzi pasó por detrás de Fran empujandólo ligeramente con la mano. Me perdí por unos segundos.

-No lo sé, colega- Le contesté cojiendo la cartera de la barra para ir detrás de Uzi. Claro que lo sabía, pero si le daba la razón me haría ir hasta el técnico de sónido y comentarle la jugada. Y hablar de aspectos técnicos un sábado por la noche cúando tu único plan es emborracharte y volver a casa sin saber en que lugar está el norte para sentir el efecto helicóptero al tumbarte en tu cama es igual de efectivo que plantearse el sentido de algunas películas de David Lynch.
Cojí mi cerveza y me escabullí entre aquellas personas hasta dónde estaba Uzi. Me coloqué a su lado sin mirarla, cómo si no supiera que estaba allí. No sé porqué monté esa frasa si los dos sabiamos que casi nos tocábamos con los codos.

La observé un par de veces de reojo y volví a reafirmar mi teoría sobre el aspecto de Uzi aquella noche. No quería decirle nada en realidad, sólo tenerla cerca, por si acaso. Entonces, sin previo aviso Uzi se apoyó en mi hombro y me dijo al oído: ¿Te importa salir fuera?
La miré cómo si no la hubiera escuchado y le pedí que me lo repitiera para volver a tenerla más cerca.
-He dicho que si te importa salir fuera.-Me gritó esta vez a un poco más de distancia.
Yo no contesté, sólo acepté con la cabeza y la seguí entre el espesor de los cuerpos humanos que se movían sin compás a la luz oscura del bar.

Cuando estuvimos fuera Uzi se separó un poco de la puerta y me indicó con el dedo que me acercara. La seguí observando a los fumadores que apuraban el frío en sus manos junto a la puerta. Me puse a su lado y saqué el telefono móvil del bolsillo al que no tengo especial cariño pero me ayuda a no mirarla a los ojos y saciar mi ansiedad.
Después de unos minutos en silencio , Uzi habló:

-¿Que tál?-Preguntó mientras tomaba asiento en la acera.
-Bien.-Contesté haciendo lo mismo.
-¿Bien?-Repitió extrañada.-¿Porqué?- Y volvió sus ojos verdes hacía mi cómo los de un niño que no entiende una equación algebráica.
-¿Cómo que porqué? Porqué se pregunta cuando alguien contesta : mal, bueno..., ahí estamos. Pero cúando alguien dice que está bien se sobreentiende que no tiene un mótivo para estarlo. Sólo, lo está. Bien.- Y la miré como si ni si quiera yo mismo me estuviera convenciendo.

-¿Entonces estar bien quiere decir que no te pasa nada? -Preguntó Uzi cada vez más descolocada- ¡Los peores dias son los dias que sabes que no va a pasarte nada! Que no tienes que decirle a un amigo que lo echas de menos, ni enterrar a tu gato, ni entregar un trabajo de matemáticas a última hora, que no vas a ver al chico del bus o que no vas a ponerte el vestido verde porque aún sigue en el cesto de la ropa sucia. Días en los que no va a pasarte nada salvo la rutina unidireccional ... Que todo va a repetirse cómo un fotograma roto o un anuncio de helados en la televisión. Que conoces hasta el trayecto de las baldosas hasta tu casa... esos días me provocan un miedo atroz...

-¿Entonces...¿Hoy estás asustada? ¿Por eso estás así?- Le pregunté mientras observaba cómo se encendía otro cigarro.

-¿Asustada? Eso sería una buena notícia. Me siento indiferente. Completamente indiferente. Y eso, amigo, es una muy mala notícia.- Para los dos- Se apresuró a decir.- Haz que me asuste y al menos me sienta viva.

-¿Como te llámas?- Acababa de darme cuenta de que ni si quiera sabía su nombre.

-Uzi.-Respondió tendiendome la mano.-¿Tu Aitor, no?- Asentí con la cabeza mientras estrechaba su mano.- Si, me tenian bien informada.

Hubo un silencio. Un silencio que creo que sólo estuvo en mi cabeza ya que dudo que en realidad la música que salía del bar, la gente que hablaba fuera y los aviones que pasaban sobre nuestras cabezas nunca dejaron de hacer ruido, nunca se detuvieron pero por un segundo el mundo se quedó mudo cúando tuve la mano de Uzi estrechada a la mía.

-¿Y qué es lo que te preocupa a tí , Aitor?- Dijo levantándose y sacudiendose la falda. -¿Me acompañarías a casa?

Me levanté y guardé el telefono en el bolsillo trasero del pantalón, miré el cielo por unos segundos y dije que sí.

-¿Qué me preocupa?-Repetí para ganar un poco de tiempo.-No lo sé, supongo que lo que le preocupa a todo el mundo...El paro, la extinción del linze ibérico, de que estan hechos los frankfurts del super, porqué sonríe la Gioconda....

Uzi se paró en seco.
-Está bien. ¿No quieres hablar de tí, es eso no?-Inquirió mientras volvía a ponerse en marcha- Bien, pues no hables de tí. Habláme de tu novia.

-¿Cómo sabes que tengo nóvia?-Pregunté a la defensiva.

-No lo sabía, pero ahora sí. Aunque por tu respuesta deduzco que tampoco quieres hablar de ella. Está bien. ¿De qué quieres hablar?-Me preguntó sonríendo irónicamente. Me repatea la ironía, no existe mejor método para agotar las reservas de paciencia de un inteligente imbécil cómo yo.

-¿De tí, tal vez? ¿O de la necesidad innata de desviar la atención sobre tu persona cúando estás conmigo? ¿Por que me has pedido que te acompañara a casa?

-He sentido la necesidad de sentirme protegida...-murmuró con rintintín.- Te he sacado de ese antro porque no quería que bebieras más. Me has dado pena.

-Error.-Grité- Me gustaba tu compañia por la escasedad de afecto mutuo, si me compadeces la has cagado, dime mejor que esperabas que me atropellara un coche de vuelta...

-Ya está, está es mi casa.-Dijo sacándo las llaves.- ¿Quieres que te cuente un secreto?-Me preguntó mientras entornaba la llave de la puerta- No eres tan horrible cómo crees.

Me quedé allí cómo un idiota mirándo la puerta y repitiendo sus palabras en mi mente, cúando me percaté de mi estúpidez dí media vuelta y volví al bar. Tenía muchos amigos esperándome.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Sucede.

Aitor caminaba con las manos en los bolsillos y la mochíla colgada al hombro. Bajaba por la calle estrecha que le conduciría a su casa, había sido un día tranquílo. Aunque Noviembre llegó con retraso a las seis de la tarde empezaba a oscurecer y las calles torcidas se iluminaban dispuestas a ser guías de las vidas perdidas en la ciudad.
Vidas perdidas, o recuperadas como la de Aitor.
Al llegar a la esquina de su casa unas luces conocidas activarón su sistema de alarma, otra vez la polícia rondaba la casa, Aitor frunció el ceño tratando de averiguar desde una distancia de cinco metros cúal era el mótivo de aquella visita inoportuna.
-¡No voy a darte nada!- Gritó la voz de una mujer jóven. Aitor la reconocío en seguida. Empezó a correr hasta dónde se encontraban los coches de luz y por fin vió con claridad como un polícia de metro noventa mantenía retenida contra la pared a Uzi.
-¡Quítale las manos de encima, ¡hijo de puta!- Berreó Aitor mientras se abalanzaba sobre el polícia que cayó al suelo desconcertado y sujetandose el gorro.
De repente aparecierón dos polícias más que neutralizarón a Aitor y lo esposarón contra la pared al igual que Uzi que contemplaba la escena con una mirada fría y resentida.
-¿Pero tu eres ímbecil, ¿o qué?- Le preguntó Uzi a Aitor mientras esposaban a éste y ella peleaba por zafarse de las manos de su opresor.
-¿Qué cojones? Vengo a ayudarte y...- No pudo terminar su frase, Uzi se adelantó:
-¿Y Ahora quien mierdas va a pasar la película? ¿Habías pensado en eso antes de abalanzarte sobre el otro imbécil como un poseso?- Y Uzi volvió la mirada hacia el polícia que reposaba en el capó de su coche observandolos con desprecio.
"Esa es Uzi, nos detienen y sólo piensa en quien va a pasar la película. ¿Cómo podría extrañarme?" Pensó Aitor, mientras apreciaba en su rostro el dolor que le estaban produciendo las esposas.
-¡Venga, vamos! -Gritó el polícia- al coche. ¿Es que no me habeis oído ,vividores? ¡Adentro!- Y empujaron a ambos amigos al interior del coche patrulla.
-Habrá que llamar a Fran- Musitó Aitor.-Para que ponga la película...
-¡No hables!- Le gritó el policía desde el retrovisor.
Uzi miró a Aitor clavandole sus ojos verdes sobre los suyos : Anda, déjame en paz.

Capitulo I Sólo o con hielo. Ambas cosas son frías.

"Déjame en paz" era precisamente lo que le habría pedido hacía ya tres años a Uzi cúando apareció en mi vida y lo puso todo patas arriba. Pero no siempre es fácil pedir distancia a los sentimientos cercanos.
Uzi apareció en un día cualquiera, ni si quiera recuerdo cómo iba vestida ,eso sí, recuerdo que cúando nos miramos por primera vez nos retamos en silencio. A ver quien podía odíarse más. No recuerdo cómo ni con que pretexto le dirigí la primera palabra pero sí recuerdo que no fue nada agradable y su sonrísa cínica y misteriosa me conquistó. Bueno, a mi brageta.
Aquella noche que empezamos a hablar eramos las únicas personas en el Bar. Ella estaba sentada en la barra con las piernas cruzadas y bebíendose la cerveza cómo si cada trago salvara un pequeño miedo, luego sonreía para sus adentros y daba otra calada a su cigarro.
Yo estaba al otro lado, justo en frente. También con la cerveza pero sin el vicio transportable. Yo no fumo. Nos miramos un par de veces , sabíamos quienes eramos pero no teniamos ningún tipo de interés en saludarnos, siempre agradeceré esa sinceridad en las pocas personas que la practican. Incluso nos miramos un par de veces con asco. Supongo que yo creía que ella era la típica niña idiota que habla de rebelión contra el estado cuando lo único que quiere es que sus padres le dejen hacerse un tatoo. Y ella, bueno ella me dijo más tarde que creía que era un imbécil. Nada más.

De repente Uzi se levantó de su asiento y al poner el dinero sobre la barra se despidió de mi con la cabeza ,casi sin mirarme. En aquel momento sentí un pánico que recorrió todo mi estómago y me encogió el corazón. Me iba a quedar sólo. Sólo con una cerveza y un barman. Jamás , nunca me había permitido esa situación. Me aterroriza la soledad y el alcohol.
La simple presencia de Uzi en aquel antro aunque sólo fuera física me daba la paz que necesitaba para emborracharme. Salí corriendo trás de ella y la encontré encendiendóse un cigarro en la puerta. Se dió la vuelta sorprendida pero pronto su expresión recuperó un gesto indiferente.
Yo no sabía que quería decirle. Bueno, en realidad sí sabía que quería decirle pero no tenía ni puta idea de cómo hacerlo y menos cómo convencerla para que se quedara allí hasta que me diera un coma etílico.

-¿Crees que lloverá?- Le pregunté y en aquel momento sentí como todo mi cuerpo ardía por dentro, me temblaban las manos y la voz.
Uzi me miró desconfiada y luego miró el cielo.
-Ponte el canal de noticias 24 horas. Allí te lo dirán. Buenas noches.
-Espera, espera- Dije cojiendola del codo, era la primera vez que me atrevía a tocarla.- Te invito a una copa.
Uzi se desizo de mi mano y se dió la vuelta completamente mientras me observaba como un juez apunto de dictar sentencia.
-¿Porqué?- Me preguntó con los brazos cruzados sobre el pecho esperando una respuesta.
-Porque...-Mierda, estaba atrapado, la situación era penosa.- porque me apetece, me apetece invitarte.
-Para invitarme a mi , invita a cualquier tía de la calle que pase por aquí. Yo no puedo asegurarte que no acabe vomitando encima tuyo.
Aquella contestación me cabreó muchísimo. ¿Porqué tenía que ser tan hóstil en aquel preciso momento? Si, estabamos jugando al juego de odiarnos pero no era odio lo que yo necesitaba en aquel momento , claro que ella no estaba dispuesta a dejar que la invitara por el simple hecho de un deseo inmediato. Así que rebenté.
-¿Siempre eres tan agradable o sufres de tiroides? Mira, quiero invitarte a una copa porque llevo un día de mierda, mi novia me ha echado de casa, he discutido con los compañeros del curro, cúando volvía a casa con todo el cabreo he atropellado un perro y la abuela que lo llevaba a roto el foco delantero de mi coche de una pedrada. Estoy asqueado, no sé que hago en esta ciudad ni sé porqué me levanto cada día si cada día es igual. Quiero emborracharme, me da igual lo que me pase, ¡ Joder! Me da igual lo que pienses pero no quiero estar solo. Necesito a alguien que no vaya a aprovecharse de mi esta noche. Necesito alguien tan borde como tú para asegurarme de que no va a compadecerme. Necesito alguien que no me provoque ninguna simpatía. Ojalá fueras cualquier otra persona, pero eres la única que hay. ¿Qué dices?

Uzi me miró con sus ojos verdes de par en par y murmuró:

-Joder...casi me das pena. Anda, entra. Vamos a paliar la vida.

jueves, 3 de noviembre de 2011

A las chicas hay que hacerlas vibrar.

+A ver, me besas me miras y me haces creer que el mundo es mío y luego me dejas, o ni si quiera eso, no me das explicación alguna. Te vas, te vas de tu própia casa y me dejas aquí, luego vuelves te sientas en el sofa y me das un abrazo. Cojes el periódico y te pones a leer, sin las gafas. ¿Qué cojones te pasa?

-Tú me pasas.

+Tu problema es que no sabes lo que quieres. Aparecen y desaparecen personas de tu vida como si fuera una partida de parchís. ¿Sabes lo que creo? Que estás tan asustada como yo. Que no sabes cómo ni con que pretexto echarme de tu casa y romper con esto porque tienes miedo. Un miedo atroz que yo no sé ver, pero estás horrorizada y eso sí lo veo en tus ojos. Yo también lo estoy, porqué no sé que hacer para que dejes de estar así. Para que dejes de temblar. No puedes pretender ser siempre la que lanza el dado, Juliet. Tienes que dejar jugar a los demás.

-¿Sabes cúal es mi miedo? Mi miedo está en ti. Toda mi vida he tenido claro lo que no quería, yo jamás he borrado a nadie de mi vida cómo si fuera cualquier cosa, ellas mismas desaparecian, se desvanecian y yo tenía muy claro que eso iba a pasar, que tarde o temprano todas las historias de amor terminan. Que hay que volver a empezar, una y otra vez.
Y ahora estás tú, con esa terrible sensación de eternidad cuando te miro. Me da miedo no ver el final. Me da miedo querer... estar así...siempre.

+¿Así cómo Juliet?





-Temblando.

A los pilares.

Cuantas veces fuiste protagonista de mis sueños,
está vez el mar no te ha devuelto.
Está vez y siempre,
sigo echándote de menos.

Cúantas veces fuiste protagonista de mis palabras,
está vez no amanecemos juntos,
ahora y siempre,
te he echado de menos.

No quiero que seas protagonista de mis recuerdos,
esta vez quiero que te vayas lejos,
pero que no sueltes mi mano.

Nunca, jamás
he dejado de echarte de menos.














Apareces, existes, paseas, discutes, hablas. Todo eso esta muy bien pero tu presencia me da igual. Un día, cualquiera, me quedo un rato hablando contigo, es tu cumpleaños y pienso que tienes una sonrisa muy bonita, que pareces generosa y tienes un discurso muy interesante. Me da incluso verguenza felicitarte.
Pasan los días, te veo, me ves. Nos saludamos. Otra vez tu sonrisa bonita pero nada más. Un día de repente nos vamos a la aventura las dos solas y acabamos desertando de nuestra empresa calle abajo, pero sin perder la risa.
Te ves tan inteligente, delicada, aútentica.
Y a mí se me ocurre preguntarte si estoy gorda, manda cojones. Ahora me siento estúpida.
Tu me pides que te pinte, y yo creo a Lena para que te proteja, te cuide y la dejó allí, a mi pequeña niña para que algo de mí permanezca siempre contigo. Siempre que dure tu nevera, claro. De repente un día me siento en el sofa y pienso en lo que me apetece , resulta que es pasar tiempo contigo. Me sorprende. ¿Te sorprende?

Ya no.

Contigo crezco, vivo, me siento bien siempre me siento bien, me siento en casa. En ti confio, en ti guardo las esperanzas, en ti me preocupo y a ti te lo cuento todo. Contigo , cada momento contigo es pura mágia.
Para mí eres infinita.
La persona más libre que conozco. Aunque tu aún te sientas presa, algunas veces.
Eres eterna , pequeña y valiente.

De repente, un día, otro día cualquiera: apareces, existes, paseas, hablas, discutes y para mí todo aquello que me era tan indiferente ahora es imprescindíble.
Ahora el simple hecho de verte, es felicidad.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Game Over, try again.

-Volver, para fallarte de nuevo. Sería estúpido.
+¿Si no me fallas una y otra vez...¿nunca volverás?
-No funciona así, yo no vengo a fallarte. Vengo cuando me necesitas, para ayudarte, para cuidarte. Pero está claro que yo no puedo tocarte un pelo sin arañarte.
+Tus arañazos son los únicos que dan sentido a la piel. No quiero que me hagas daño, no quiero que me utilices, me encantaría que te acordaras de mi cumpleaños y que no mirarás a ninguna otra al pasar, me encantaría, moriría por no necesitar que estuvieras presente en cada paso que doy al día, pero para eso necesito a otra persona, para eso no estás tú, no eres tú. Y aunque no quiero, te quiero a tí.

-¿Entonces? ¿Recojo las maletas o preparo la cena? ¿Que pasa?

-El amor, el amor pasa por estas cosas, aceptar nuestras derrotas.

Pandémica verde , la palabra que se usa.

-No creo que la gente este preparada para un amor como este, no aún.

+Eso lo dices por experiencia própia, supongo.

-A la gente le encantan los vagabundos que juegan al ajedrez en la plaza, les gusta ver a una pareja de ancianos cogidos de la mano, se apasionan cuando una chica jóven consige enamorar a un hombre adulto, se vuelven locos cuando ven la última escena de Casablanca pero a la hora de la verdad nadie quiere ser un vagabundo, ni llegar a viejo, tienen miedo de la moral y de dejar a Rick, por un ideal. Nadie es como quiere ser realmente.

+¿Ni siquiera, nosotros mismos?

-Los que menos. Confraternizamos con las penas de nuestros mejores amigos, los abrazamos y secamos sus lágrimas, a ser posible con las dos manos, ¿pero no has sentido nunca una pequeña punzada de envidia cuando él a conseguido aquello que tu llevas años proponiendote en una semana? ¿Ni si quiera un pequeño nerviosismo porque puede ser capaz de reconocer en tu sonrisa forzada la envidia del éxito?

+Sí, supongo que sí. Entonces nada existe, tal y como lo créemos, ¿quien somos? ¿Porque nos emborrachamos? ¿Porque Ilsa se va con Lazslo?

-Por miedo. Siempre hacemos lo que debemos. Tenemos miedo a lo que realmente queremos. Miedo por llegar a desear algo con tanta fuerza que al perderlo, te marees sin remedio, como cuando cierras los ojos fuerte. Ya no sé si te quiero.

+Yo sí, lo sé. Te quiero, lo supe en el mismo instante que me dijiste que ya no me querías, ahora.

-¿Y ahora como lo sabes? ¿Quiero decir, vas a quedarte en Casablanca? ¿ O todavía estamos en el hotel, cuando yo creo que vas a quedarte pero en realidad cojerás ese avión?

+Lo sé porque me jode que ya no me quieras, no puedo demostrarte empíricamente que te quiero,no esta escrito en mi mente, es solo una idea. Cómeme el corazón si quieres pero no tengo como demostrarlo. Supongo que solo te queda la fe.

-¿La fe? ¿ Fe de que?

+De que aunque haya millones de personas en el mundo, mejores que tu...y que yo pueda llegar a conocer a bastantes mujeres en mi vida , entre ellas alguna artista o abogada, pelirroja, que lea a Murakami, que se cepille el pelo antes de acostarse y me haga reír comiendo spagettis en Melbourne que sea una mujer más preciosa, perfecta, una mujer que sea mucho mejor que tu, para mi tus defectos y virtudes seran suficientes, seran todo lo que yo necesito, porque así lo decidiré yo y así podré seguiré creyendo, que a pesar de tus ojeras, cuando me chilles porque no te gustan las cortinas o el perro se haya meado en la alfombra y tengas calor por la menopausia ,seguiré creyendo que eres la mujer más increíble que he conocido en mi vida.Solo puedes tener fe en la fe que yo tengo cada día al levantarme cuando pienso, pienso...que nunca voy a querer a alguien a mi lado que no seas tu.

-Ya... todo eso es precioso de verdad, enternecedor, pero el amor no es eterno en nadie, y en ti tampoco.

+Es cierto, muy certo. No puedo refutarlo, pero si me dejas quererte y me muero mañana te habré amado toda la vida.

-La gente nunca entenderá esto, sonreíran y nos felicitaran por intentar ser felices juntas pero seran como la madre que no es racista pero no quiere que su hija se acueste con un moro.

+Ahora soy yo la que no sabe si te quiero. Quiero acostarme contigo, me siento celosa cuando miras a otras, y aunque sonría si conoces a una chica un martes cualquiera, por dentro, estaré a punto de estallar, me cuesta respirar contigo, no se si no puedo o no quiero hacerlo, pero lo que sí sé es que no se si te quiero. Aunque la duda revela la posibilidad.

-Te prometí que un día volaríamos a Honolulu y lo único que he hecho a sido llevarte en la espalda hasta el kebab de enfrente. Y además te ha sentado mal.

+ Eso es cosa de tu hernia ¿Sabes una cosa?

-¿Que?

+Me irritas. Me irritas muchísimo tanto que ahora ya me pica todo, no puedo respirar de tanto humo y aún así sigo aqui. A lo mejor, te quiero ,porque esa es la palabra "que se usa" para definir esto, un poco.

Cuando estalle la guerra, ¿vendrás conmigo?

Nunca nada me ha salido bien. Soy de esas personas tan ridículas como la falda marrón de Bette Davis o la sonrisa de Hugh Grant. Soy ese sentimiento del ridículo que otorga tropezarse delante del chico que te gusta o escuchar la conversación de tu dentista con su pareja y darse cuenta de que es una persona normal. No sé porque tengo espectativas, no sé porque pienso que esta vez será diferente.
Dónde hay un charco ahí va mi pie.
Y tampoco sé porque no dejo de intentarlo, soy ese número fiel de las apuestas de lotería, soy ese reloj del ayuntamiento que nunca falla a media noche, soy esa diminuta nube que te jode el día. Soy el color naranja de las calles torcidas.

No me malinterpreten, no me juzgen antes de tiempo (aunque sé que tres líneas más arriba han empezado a hacerlo). No soy ese tipo de persona que se queja de todo lo que le ocurre , incluso de tener los ojos azules, tampoco soy una mentirosa exajerada sobre mis desdichas. O quizás sí, pero una exajerada romántica, si no ,nada.

Soy el verso que se clava en el rincón más profundo de tu pecho, esos ojos que del brillo te dejarón ciego, soy el apetito de tu corazón pero no vas a quedarte conmigo.
La gente no se queda conmigo porque soy como el papel de fumar, tan necesario para hacerse el cigarrilo como necesario es consumirlo.
Y el mundo fuma, ya te digo.
Para todo esto culamos al Destino. Un pobre señor orondo y milenario que juega al ajedrez con la Muerte ¿Pero quien cree en la Muerte hasta que esta acaricia su mejilla de cerca? La falsa inmortalidad humana. Esa soy yo. La estúpida vanalidad humana, la arrogancia de la juventud.

Necesito una máquina de fábricar suerte. He agotado los tréboles, las pestañas y todas las patas de todos los conejos blancos que llegaban tarde. He agotado los símbolos, las religiones y todos esos heroes divinos de las canciones del folcklore. He agotado las promesas, las estrellas fugaces y la fe.

Soy el sudor inevitable y la sangre que late. En cualquier parte y en cualquier momento.
Pum . Pum

Soy sólo caderas de hueso; compácto y frío.
Cómo tus abrazos.