Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

martes, 18 de junio de 2013

cienfuentes

No comprendía a las mujeres de su familia, rectas y silenciosas. Uzi podía permanecer horas en silencio en las veladas familiares y los hombres la consideraban virtuosa por ello, hasta que con la misma naturalidad que uno respira Uzi intervenía en la conversación sin previo aviso. No estaba en contra del silencio femenino, simplemente no lo comprendía.

La idea de que las mujeres no debían hablar en público le era tan tremenda mente absurda y lejana  que la ignoraba cómo se ignora el absurdo, con una sonrisa. Uzi no conocía las reglas de su género porque, a pesar de contar ya con diecisiete años, aún no se reconocía cómo mujer. En esa in definición  su naturaleza más salvaje se hacía así misma sin representación. Las demás mujeres vestían bonitas y ella vestía los vestidos de mujer sin saberlo.

Uzi contemplaba el paisaje des de la ventana del salón, un aire azorado sacudía los olivos mientras su familia y la familia Tomás debatían en la mesa. La llamaron varias veces a tomar asiento pero declinó las sucesivas propuestas con desaliento.

-Parece un pajarillo enfermo.-Comentó su madre mientras servía los platos.
-¿Estás enferma, Uzi?- Preguntó preocupado su padre sin entrever la ironía.

Uzi negó con la cabeza sin dejar de otear el horizonte. Recogió sus pies bajo una manta y tomó un libro viejo entre sus manos.
"Las luces terminaron...", "escondidos en el ático..." era incapaz de leer tres líneas seguidas sin que la atormentaran pensamientos fugaces. Pensamientos que la deslumbraban, ideas inquietas, ratones que la devoraban.

Sólo la retenía allí un nombre: el de "hija". Y un nombre de ese calibre es un pésimo motivo para quedarse. En realidad, podía marcharse por la mañana, salir por la puerta sin excusa y tardarían horas en echarla de menos. En aquella casa todos se ocupaban en ellos olvidando a cada uno de los otros. Lo había intentado varias veces, salía por la puerta de su casa y reconocía el patio de viviendas dónde había jugado de niña. Podría caminar por el con los ojos cerrados y aún sabría reconocer el rincón del gallinero, el pozo redondo que se erguía solemne en el centro, la ropa tendida en los balcones.

Pero en el preciso momento en que su conciencia le recordaba que se marchaba, no a la esquina, no a la panadería, no a pasar la tarde sino una nueva vida todas las dudas la rodeaban cómo pequeñas ortigas en los pies. ¿Qué ropa debía llevar? ¿Robaría una mula o un caballo? Y la peor duda de todas: ¿quería realmente marchar más allá del horizonte de Cienfuentes?

Aquella mañana antes de la comida, Uzi había estado paseando por los prados que se extendían a lomos de su pueblo llano Cienfuentes. En uno de aquellos caminos de tierra encontró a August, un viejo pastor con el cabello plateado y un bigote teñido de marrón que movía con gracia en sus discursos. Sin motivo aparente, Uzi siempre había mostrado cierta simpatía por el señor August,  bebía más de la cuenta en los festivales de invierno, de vez en cuando vestía colores despampanantes y tenía la extraña costumbre entre los hombres de tratar a su mujer con la dedicación que uno ofrece a los amigos.

-Qué ojos más tristes llevas puestos, niña- La sorprendió August. El hombre se retiró su viejo gorro de paja, y entornó sus ojos oscuros hacía ella, ojos extranjeros pero en los que Uzi se sentía cómoda, ojos sin autoridad ni prejuicios.

-Estoy aburrida, señor August. Aquí no hay nada que hacer. - Le reconoció la muchacha ralentizando sus pasos al ritmo del anciano.

-¿Cómo que no hay nada que hacer? La nada es el único lugar dónde pueden pasar todas las cosas, pequeña Uzi.

Uzi lo miró con desagrado, no le gustaba que alguien la tratara cómo pequeña porque ser pequeña implica en la mayoría de los casos que te hablen con indulgencia y simpleza.

-¿Y porqué aquí no pasa nada? Aquí parece que no pase ni el tiempo...

August sonrío. Y tomó el brazo de Uzi cómo nuevo apoyo para sus viejas piernas.

-Uzi, en Cienfuentes existe una vida que yo tardé años en comprender pero me extraña que tu, nacida en la familia de los Árboa no habites este mundo con la naturalidad de sus propios hijos.

-¿Porqué vino a vivir a Cienfuentes, August? No me diga que allí de dónde vino era peor que esto porque entonces me haré oveja y sólo tendrán que preocuparme los lobos.

August se hecho a reír con el ingenio de la joven, llegaron a un viejo muro de piedra prácticamente derruido dónde Uzi ayudó al anciano a sentarse.

-Los motivos de una búsqueda se vuelven insignificante cuando uno busca, la primera tarea es buscar. Hija, si la vida de este pueblo no te complace, no te complacerá mañana ni en veinte años. Deberías tratar de entenderla pero si pese a todo la comprendes y te disgusta, camina los caminos, vete y deja para los que ya somos viejos a los lobos.  Allí de dónde yo soy la gente es distinta, las calles son distintas, las canciones son tiernas y extrañas.

-¿

lunes, 10 de junio de 2013

Todavía

Aún guardaré versos
para que no sean todavía
los quiero fuera
de esta lejanía
que genera el día
detrás del día.

En mi llanto sin dueño
en mi sueño sin diablo
entendí la rebeldía.

En mi voz hay cuerdas
que se desatan,
y en mi cuerpo,
que en el trabajo es estatua
un ratón que moviéndose dentro
ni la costumbre mata.

A propósito,
vivamos
a propósito,
cómo si no tuviéramos otro sitio
dónde caernos muertos
que en estos huesos
que tratamos cómo plata.

A propósito,
la vida es billete de ida
no de vuelta.




miércoles, 5 de junio de 2013

De que sirve.

Dé que sirve tener un nombre
si nadie lo nombra,

No hay arte que sea digerido
va a tocar mascar, mascar sin norte
si queremos dar con ello el alma.

¿Dé que sirve el llanto?
si  no se puede llorar ni en la oficina ni siendo hombre.
¿Dé que sirve atar la vida en corto?
Si en corto andamos y nos hacemos tremendos daños.

Peleamos por pequeños zapatos
aunque tengamos el pie enorme,
venimos y venimos, siempre venimos
¿dónde nos quedamos?

En este mundo duelen las presencias
padecen las esencias en agonía
enmudecen las palabras en los coches,
en el metro ,en las comisarias.

¿Dé que sirve conmoverse en una estantería?
Este mundo es cómo beber de un charco
después de treinta años de sequía.

Pero todos los animales saben que es la autonomía
abandonan a la madre pero no la olvidan,
este será un mundo sin jerarquías
los pueblos libres cantaran,
ya nunca más por los presos
sino por alegrías
este será un mundo sin gobiernos,


Todos los ídolos perecen algún día.



Desatando infinitos.

Los hombres cuerdos lloran
tras la trinchera de sus cuerpos
todo lo que era vivo
con una máscara se ha muerto.

Todas las mujeres lamentan
haber vivido el olvido
cómo se viven las tormentas
escondidas, escondidos.

Para el mañana queda:
el amor que no será vencido,
la luz azul de una larga madrugada

las valientes que defienden el delirio,

los rebeldes que dónde todo acaba
insurrectos, desatan infinitos.