Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuando estalle la guerra, ¿vendrás conmigo?

Nunca nada me ha salido bien. Soy de esas personas tan ridículas como la falda marrón de Bette Davis o la sonrisa de Hugh Grant. Soy ese sentimiento del ridículo que otorga tropezarse delante del chico que te gusta o escuchar la conversación de tu dentista con su pareja y darse cuenta de que es una persona normal. No sé porque tengo espectativas, no sé porque pienso que esta vez será diferente.
Dónde hay un charco ahí va mi pie.
Y tampoco sé porque no dejo de intentarlo, soy ese número fiel de las apuestas de lotería, soy ese reloj del ayuntamiento que nunca falla a media noche, soy esa diminuta nube que te jode el día. Soy el color naranja de las calles torcidas.

No me malinterpreten, no me juzgen antes de tiempo (aunque sé que tres líneas más arriba han empezado a hacerlo). No soy ese tipo de persona que se queja de todo lo que le ocurre , incluso de tener los ojos azules, tampoco soy una mentirosa exajerada sobre mis desdichas. O quizás sí, pero una exajerada romántica, si no ,nada.

Soy el verso que se clava en el rincón más profundo de tu pecho, esos ojos que del brillo te dejarón ciego, soy el apetito de tu corazón pero no vas a quedarte conmigo.
La gente no se queda conmigo porque soy como el papel de fumar, tan necesario para hacerse el cigarrilo como necesario es consumirlo.
Y el mundo fuma, ya te digo.
Para todo esto culamos al Destino. Un pobre señor orondo y milenario que juega al ajedrez con la Muerte ¿Pero quien cree en la Muerte hasta que esta acaricia su mejilla de cerca? La falsa inmortalidad humana. Esa soy yo. La estúpida vanalidad humana, la arrogancia de la juventud.

Necesito una máquina de fábricar suerte. He agotado los tréboles, las pestañas y todas las patas de todos los conejos blancos que llegaban tarde. He agotado los símbolos, las religiones y todos esos heroes divinos de las canciones del folcklore. He agotado las promesas, las estrellas fugaces y la fe.

Soy el sudor inevitable y la sangre que late. En cualquier parte y en cualquier momento.
Pum . Pum

Soy sólo caderas de hueso; compácto y frío.
Cómo tus abrazos.

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