No quiero ver una lágrima más con su nombre en tus ojos.
Tu, que siempre fuiste piedra persistente, mar que ruge, olor a valor.
Necesito ver en tus pupilas el mayor estallo de alegría,
correr por las colinas,
gritarle al viento inoportuno,
sacudir los (malos) hábitos : negros y pesados
que esconden tu humanidad.
Necesito que dejes de esconderte
en lugares dónde mi vista no logra alcanzarte.
Necesito que pasen ocho meses y se haga de día.
No quiero ver una lágrima más con tu nombre en mis ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario