¿Sabes? La echo de menos... No puedes imaginarte cuanto, mucho. ¿ Ves aquel muelle dónde se rompen las olas? Allí nos sentabamos a ver atardecer mientras el mar salpicaba nuestros pies. Ella me explicaba cuentos de sirenas y yo le narraba todas y cada una de las noches la historia de Willy, el vigilante que acabó loco y se lanzó faro abajo.
Entre risas volviamos a casa cuando la marea subía, risas que aún retumban en estas paredes blancas que reflejan tu cara de sorpresa.
¿No sabias que yo fuera capaz de amar así, verdad amigo?
+Pero...¿Ella te quería?
-¿Ella? No, ella nunca podría amar a una mujer.
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