Nadie discute, no
las expectativas nobles de vivir.
Pero no dejaré que te arrastren los cuervos
aunque ellos anuncien el porvenir.
Que silencio más desolador
hay entre vuestras espadas
y los vigías de vuestras miradas
alientan el color rencor.
Diluidas en la mañana, con viejos ascos,
son las nuevas ganas.
Y aunque te abrigas del frío
a la orilla de tu pupila
se vino el dolor a vivir.
Y de tu corazón
-no sale nada-
porque muerto de vergüenza
se quedó dentro de un reloj a dormir.
Nadie discute, no
las expectativas nobles de vivir.
Se ha quedado vagabunda tu vida
cómo una ola eterna
sin fuerzas para bramar.
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