Se trenza en el pelo el miedo,
y apreta con las manos un volante de colores.
El sueño la convence
para atacar sus fríos temores.
¡Que duerma la niña!
-Y le enreden el pelo verde las sirenas-
que sueñe la niña,
y nazca de ella una mujer bonita.
Dejad, dejad que muera la niña
y se la lleven a jugar a la orilla.
Si antes temía a la soledad oscura
hoy rebusca en la tiniebla oculta
la alegría que abandonaste tú.
Pido silencio, que tiene en la boca
un girasol enfermo buscando la luz.
¡Dejad, dejad que muera la niña,
que a su flor enferma un testigo conocerá!
La gente sabe que la niña se ha ido,
de lo que ella tenía
ya se a amado demasiado
y en el ocaso de su beso a nacido
una estrella bailarina,
una mujer que quiere ser flecha
esquivando la deriva.
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