huele a todo lo que se llevó un día.
Lo ha devuelto todo
roto y derrotado,
en forma de fantasma
que golpea el cristal de la ventana
en forma de brazo rama.
Lo ha devuelto muerto...
pero no enterrado.
Así se mastica el tiempo
que trae las cenizas
y las palabras
que ya no cuentan nada.
Bosteza el aire y brama,
como un Dios destruido,
como un Demonio cobarde
que pasa peinando mis entrañas.
Doy vueltas a la calle...
Y nada.
Nada.
Nada.
Dicen de los muertos,
y son los únicos que se salvan.
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