La invité a pasar. Se deslizó por el salón en dirección inequívoca hasta el sofá.
-Estos pisos si ascensor van a acabar conmigo. Debería dejar de fumar.
"Buena manera de empezar una conversación" pensé yo; el tono es desinteresado, dinámico y la frase poco original pero esperaba de una respuesta, como si fuera de un amigo de toda la vida.
Saqué dos cervezas.
-Abel no está en casa.
-No importa- contestó frotándose las manos- no he venido a verle a el.
"Pues espero que no vengas a verme a mí" pensé mientras intentaba relajarme; tenía el corazón en un puño apretado contra el deseo y el odio, salpicando a cada latido algo de rabia. Mi motor estaba podrido, me pregunto si alguna vez , en realidad, he estado vivo.
+¿Entonces?-Conseguí articular mientras encendía un cigarrillo.
-Quería verte a ti antes-murmuró dando un trago a la cerveza y dejando el botellín entre las piernas.
-No sé de que hablas- Mentí. Aquella mujer era lo indeseable, un maléfico ente surgido de un error, el Nietzsche para los católicos, el Franco de los Anarquistas, el helado prohibido de la dieta, era la gota caprichosa que cae en tu cabeza al pasar bajo el tejado, igual de irritante que el timbre de la puerta. Para mí, verla era tan agradable cómo el primer chorro de agua fría de la ducha.
-Mira, yo...no sé por dónde empezar; a pasado tanto tiempo que...-Hizo una pausa y hubo un silencio. Recé porque sonaran las campanadas , que un pizzero se equivocara de sitio y llamara a la puerta de improvisto pero nada, mientras meditaba las posibles loterías del azar decidió continuar.- verás, todo esto tiene que ver con lo que tu ya sabes,...no soy la persona que era antes...
Y comenzó un discurso contra reloj en favor de su integridad cómo si fuera una acusada delante del juez, ¿quien cojones pensaba que era yo? Me importaba lo mismo su explicación que los anuncios del teletienda. Es tedioso tener que relajar los músculos de la cara y controlarlos a la vez para que no te delaten tus pensamientos. Finalmente, acepto mi sino, la escucho reservando para mí todo comentario anexo a sus teorías existenciales.
-Bueno-logré decir entre una de sus pausas- voy a serte sincero: primero; porque ...¡joder! Me apetece muchísimo y segundo porque tengo prisa.
-¿Tienes prisa?- Preguntó indignada añadiendo un movimiento irritante de cejas.
-Sí, verás desde que me he levantado esta mañana tengo deseos de...comerme una pantera rosa y me he jurado que nada sería un impedimento para ello; ni mi frágil situación emocional ni la pereza ni una hecatombe nuclear, así que no lo tomes cómo algo personal pero me voy.- Cogí la chaqueta que estaba bajo los cojines del sofa y me levanté viendo cómo ella me miraba incrédula, había captado el mensaje, claro que no fue muy subliminal.
-¿Sabes que creo?-Añadí- Que estás aquí porque sabes que tienes una gran posibilidad de ganar. ¿Y sabes? Eso solo lo hacen los cobardes, no digo que tu seas una cobarde pero ...¡Oye! ¿Te arriesgarías a venir aquí si las probabilidades fueran de un 0,01 por ciento? Yo creo que no. Así que por mucho que finjas haber cambiado tu naturaleza sigue siendo la misma y lo peor es que no te culpo. Quizás, incluso quizás le quieres porque hasta los malos pueden querer de verdad y lo que es peor, tienen derecho a hacerlo. Si el te deja jugar, juega pero juega limpio.
Ella asintió con la mirada encerrada en la sorpresa. Me volví para coger las llaves que había sobre una pequeña mesita y añadí- Puedes quedarte aquí, mi hermano estará al llegar. Hay galletas bajo el microondas y el mando de la tele esta debajo de tu culo. Ah, y ¡una última cosa! No te sientes en mi lado del sofa.
Salí de la casa irradiando satisfacción, inconscientemente se me dibujaba una media sonrisa que competía con el placer estomacal de la auto satisfacción. Me encontré a mi hermano subiendo las escaleras, me cambió la cara.
-Ei, ¿qué te pasa?- Me preguntó agarrándome el hombro.
-Soy tu reacción dentro de dos minutos cuando entres en el salón, te esperaba más tarde...
Mi hermano me observó con desconfianza, le bailaban las pupilas de desconcierto.
-Te espera una graaan sorpresa en casa, yo la he puesto en su sitio, no estropees mi trabajo.
-¿Uma está en casa?- Se limitó a susurrar.
-Sí, ella y dos litros de perfume Lancome.
Mi hermano me dirigió una mirada de reproche. "No me lo puedo creer", dijo.
Le miré como se mira a los niños que descubren la verdad sobre Papa Noel, aquella ilusión en su rostro sólo era comparable a cuando escuchaba una canción de The Doors en la radio.
-Despáchala antes de que se te pegue como el velcro. Adiós hermanito.
Mi hermano se quedó allí en el umbral de la puerta con la llave en las manos, yo me puse la capucha y salí a a la fría calle de un Diciembre impuntual. Ahora estaba mosqueado; lo peor no era que ella hubiera vuelto o que mi hermano parecía dar brincos por su regreso, lo peor no era el frío ni esa sensación de vacío, lo peor de todo era que lo de la Pantera Rosa, era cierto.
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