Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Si se abre la jaula...

"Creer es muy monótono, la duda es apasionante" Oscar Wilde.


Nos empujaron por las escaleras, nos precipitaron al vacío. No les culpo, aquel que no ha saltado al abismo no conoce el frío de su caída. Nos acorralaron, ahogando todo pequeño mecanismo de esperanza. Solos, aislados, sintiendo la soledad bailar entre los dedos , sintiendo todo aquello que había sido desterrado entre nuestros cabellos. Detenido el tiempo, sólo nos acompañaba el horizonte. Frágil y esquivo , telón de fondo, meta inamovible.

El rojo de nuestros corazones danzaba a saltos indiscretos entre amarillos y naranjas pero nunca dudaba de su causa ni daba un paso atrás.

No acusamos a los que desconocen pues la ignorancia es casi un hábitat en el que se vive sin pesadumbre pero para nosotros el conocimiento era una mujer astuta y sensual a la que le ardían las caderas y nosotros seguíamos sus ojos de luz entusiasmados.
El paisaje era soñoliento, sin estación alguna, pero alimentaba el alma, los pozos de vida se difuminaban con la nada y nosotros nos dejábamos atrapar por la tierra. El aire nos azotaba, cercando nos en la tempestad, pero nosotros sólo eramos sombras risueñas que iluminaban las estrellas por casualidad.

Vencimos el miedo y fuimos libres. No temíamos a los ídolos ni las quimeras. Nos gustó saltar y lo hicimos repetidas veces. Encontramos el sentido en caer constantemente al vacío, la estabilidad ya no satisfacía la gravedad de nuestros pies, disfrutábamos de la belleza salvaje de la incertidumbre, la duda era nuestro estigma y nos perseguía por los páramos, por las montañas, cuando entrábamos al mar, haciéndonos cosquillas.

Un día nos dijeron que habían desaparecido todos los abismos, que se habían construido puentes y escaleras, que habían venido a buscarnos para que jamás volviéramos a sufrir el desafío constante, nos dijeron que ya no teníamos que tener miedo porque iban a regalarnos la vida, metieron en las cárceles a nuestros desafíos, nuestras incertidumbres, encerraron a la duda para que no nos matara de risa y encadenaron los libros a merced de un cerbero. Nunca volveríamos a caer.

Quisieron sembrar en nosotros la certeza, quisieron atarnos y dejarnos quietos sin nada que cuestionar, quisieron convertirnos en isla pero sin mar, quisieron que fuéramos eco de sus doctrinas, intentaron convencernos del poder del cielo pero para entonces; nosotros ya sabíamos volar.




Salimos corriendo; nuestro objetivo era simple:
Queríamos quemarnos a solas y que el fuego que consumía nuestros cuerpos deslumbrara al mundo.

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