Todo mi pensamiento se encerraba en la prisión invisible de la muerte y si intentaba zafarme me quemaban las manos los barrotes, barrotes y garrotes hechos de miedo y furia, rabia y odio controlados por el amo que me sometía. Decidí rebelarme contra el destino.
Creé un nuevo camino. Un camino al que no iba a dotar de nombre, sólo a caminarlo. Unos quisieron llamarle utopía, otros confundían mi criterio con una locura ligera. ¿Qué más da? Todo el mundo pierde el tiempo, yo elegí perderlo así. Siempre es bueno perder el tiempo, por un agujero en el bolsillo y sembrar la tierra con él, en pocos meses será la prueba de tu cordura.
Matar y dar vida no son puntos tan opuestos ya , pues la vida que hoy se nos otorga sólo tiene sentido si alcanzamos la muerte. La muerte es sólo una consecuencia del nacimiento, la muerte está sobrevalorada, comercializada, divina muñeca de un despampanante escaparate.
Os preguntareis que hice con los dos caminos restantes... Dejé que siguieran en pie por un tiempo, primero los abandonaron los locos como yo que se refugiaron en un castillo al pie de nuestro camino, después aparecieron algunas familias y finalmente aquellos dos caminos fueron destruidos por el viento y el agua que consumieron la fina arena esclava que los definía. La alternativa construida entre todos nos salvó de las mazmorras.
Si un perro se rasca es porque algo le pica,
si todos los días te pesan los pies es porque algo arrastras,
si ya no sabes dónde está el límite del bien es que eres humano,
si desapareces y te nublas un rato,
tranquilo,
el Sol seguirá esperando.
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