Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

jueves, 18 de octubre de 2012

Cartas a mi futuro.

Cartas de un Octubre duro.

Para empezar reconoceré que mi estado físico no es el mejor y qué lo que hoy me pasa no es un conflicto aislado a las cinco de la tarde sino que es algo que vengo arrastrando a tientas, sin querer mirar demasiado, de allí dónde quiera que venga.
Escribo esto en uno de esos días en los que es necesario escribir en tinta, uno de esos días en los que te sirve cualquier papel y encontrar un recorte roto en el bolsillo se vuelve el más maravilloso de los milagros. Me he detenido en el camino para vomitar esto, no quiero llegar a casa y que se me quede dentro por miedo   al absurdo.

Este Octubre viene siendo gris.

En la vida que pueda recordar cualquier adulto hay espacios para la soledad, recuerdo cuando borraba uno a uno los amigos de mi mano y me parecía que el mundo era un desierto sin sitio dónde parar pero ahora no es el mundo lo que se queda desierto, no es el paisaje exterior el que me duele. Ahora siento cómo si algo se me estuviera rompiendo por dentro, justo en el pecho y es algo que se estira. Es una herida que voy salvando cómo pequeños charcos en un día de lluvia pero joder, ha parado de llover, han pasado los días y sigo esquivando charcos que ya no tienen sentido de ser.

Me siento un eco de decadencia.

Siento que estoy esperando caer en el hoyo para ver si así descubro el origen de mis males. Quizá no me rompo, quizá solo crezco y me duele. Quizá es sólo una espiral de pesadumbre y el sol brilla ahí fuera pero a mi no me llega. Quizá sólo es lo que le pertoca a una cabeza más loca de lo habitual. O quizá, realmente, me está pasando algo y sólo puedo esperar: en realidad, cuando las cosas pasan nadie sabe dónde acabarán.

Por otra parte pienso que vida hay una y es una pena vivir la a la baja pero...¿qué hago si nada me mantiene arriba y cuando quiero darme cuenta se ríe de mi la soledad a escondidas?

Cuando les dije que les echaba de menos, no era a sus perfumes ni sus piernas, era al simple calor que se dan los amigos con una mirada. Claro que para eso uno necesita tiempo y zafarse del abrazo de los hábitos.

Nunca un refrán me recomendó un secreto tan callado: "Quiéreme cuando menos lo merezca, porqué será cuando más lo necesite" Si quieres, añadiría yo.

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