Me senté a recordar y una vez que sentado estaba, me sorprendió tu mirada. Una mirada
de todas las miradas tuyas en las que siempre eres tú. Recordé que conocí así tu persona habitada
y cómo nos dibujaba agosto líneas distintas en la espalda. La cerveza y la noche. Alguien encendió una radio con esa canción que a veces cantabas. Y los niños pateaban la pelota mientras yo me acordaba; de la sal de un plato que cocinamos tarde en la mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario