A una mirada incompleta,
un pensamiento la descubre.
A una mano que gime,
unas piernas la rodean.
A un pulso que corre
una sangre le domina.
A cualquier marcha errante
un camino se le aproxima.
A su lagrima yacente
tu dedo índice la acuna.
En un rincón vacío
se repiten en el tiempo estos versos
que vuelven y van sin permiso
felices, locos y... haciéndose viejos.
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