Son esos dos desconocidos que cruzan unos segundos la mirada en el bus y piensan durante todo el día el uno en el otro. Es un día de lluvía de esos que amanecen frescos, endurecen la tarde y te manchan los pantalones de barro. La hora es inexacta, porque el bus siempre llega tarde.
Él es un niño perdido con gabardina azul y el corazón metido en un saco de dormir. Ella una poeta maldita atrapada en la mudanza de su piso y la esperanza guardada en el bolsillo.
Un sudario de olvido los cubriría esta noche, si no fuera porque ella se ha dejado sus llaves en el asiento. Para más suerte él no pensaba volar esta noche a Nunca Jamás.
Baja corriendo y la toma del brazo:
+Perdona...¿Puedo salvarte?
-¿De qué?
+De pisar ese charco. Te invito a un café.
No hay comentarios:
Publicar un comentario