Se iba a marchar y ninguno de los dos sabíamos por cúanto tiempo. Por cúanto tiempo no volveré a saber nada de él. Hemos decidido no despedirnos, porque los dos odiamos las despedidas. Aprovechamos los últimos minutos de batería disfrutando de la compañía, riéndo, diciendo tonterías porque lo más importante estaba implícito en cada palabra.
Y cómo los dos sabiamos, la conexión llegó a su fin. N A D A. Desapareció. De repente se hizo el silencio y ya no estabamos allí. Ni aquí. Ni en ninguna parte. Nos separamos de golpe y sin dolor.
Sonreí al saber que allí en ese instante empezaba tu viaje y yo me quedaba aquí, sin más que eso: palabras diluidas y un sabor de amargo desconsuelo.
Ímplicito estaba que pensaba echarte de menos, Endika Garmendia, voy a echarte infiníto de menos. Porque eres el único que sabe devolverme a la vida, sin empujones, y me colocas en el camino tan suavemente que parece que nada malo hubiera ocurrido.
Quiero que aprendas, que descubras, que experimentes, que explotes, que decidas, que tengas miedo , quiero que conozcas mujeres impresionantes ¿me oyes? impresionantes, quiero que te rías y que escribas, quiero que disfrutes y pierdas el vértigo y el insomnio, quiero que pienses en mi y que ello no te de pena si no más ganas y valor para seguir.
Quiero que sepas que en tu viaje, en los momentos duros, lo nuestro siempre está de paso y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
Yo te espero al final del camino con el brillo de la ilusión en los ojos.
Estoy muy orgullosa de tí.
Buena suerte, compañero...
Buena suerte.
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