Puedes disfrutar la vida de lejos.
Puedes mirar las cosas pero no probarlas.
Puedes acariciar a la madre con los ojos.

No puedes tocar estos fantasmas.

Quien bien te quiere, te quiere libre.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ojos en la vía pública.




Las calles son el reflejo de nuestras sociedades. Las calles ganan y pierden con nosotros, viven o mueren según nuestros pasos, dibujan soledad y abandono o bien, resucitan con una calzada atenta y nuestros paseos armoniosos.

El hecho de caminar y discurrir, avanzar por las calles asfaltadas de estas nuestras ciudades proporcionan una información vital para aquel o aquella que quiera conocerse incluso a si mismx.  Con el contexto social, económico y político que nos ocupa ahora todas las cabeceras de los periódicos y se extiende por las redes sociales no podíamos más que esperar que nuestras calles fueran espejos de miseria y despojos del capitalismo.
Cada vez son más aquellxs que desatendidxs y desafortunadxs han suspendido su vida de "masa" y han pasado al umbral de la pobreza. Cada vez es más cotidiana la imagen de la pérdida, el abandono, el hambre y la desesperanza. Cada vez las calles a cojen a más gente con el estómago vacío y con manos cómo único recipiente.

Ante esto, es también observable nuestra reacción. El hecho es que aquellas personas que nos demandan, que buscan ser socorridas son barridas por nuestra conciencia. Pasamos la mirada por encima de sus cabezas pero no posamos sus ojos sobre los nuestros. A la pobreza y a la vejez no se la mira a la cara. Como si su presencia en el mundo no hubiera valido ni ahora ni nunca: los borramos, les regalamos el olvido y seguimos paseando esperando llegar a casa, al trabajo o a cualquier sitio lejos de ese macabro retrato de quien podría ser unx mismx.

Porque bien sabemos que ellxs no son los auténticos responsables de su situación, en tanto que su único delito fue "fracasar" en la cadena vital que nos marcaron: quizá ellxs también quisieron un monovolumen familiar y pidieron crédito, quizá ellxs también estudiaron en estas nuestras universidades cada vez menos públicas, quizá ellxs también quisieron consumir las mejores drogas o salir de este enjambre llamado España para ver otras colmenas. Su juego no es más sucio que el nuestro, sus decisiones no son más maliciosas que las nuestras, su dignidad no es más baja que la nuestra.

Y sin embargo, como dioses elevados que liquidan las faltas consolamos nuestra  falta de humanismo con prejuicios y motivos industrial mente preparados para la vida pública, para  tapar la vida que hay realmente dónde acaban los escaparates.

domingo, 13 de enero de 2013

Mil disfraces.

Se pasean mil disfraces ante mis ojos,
dónde ellos ven acciones
yo veo miseria.
Dónde ellos ven terrorismo,
yo veo pueblos que deciden ser los mismos,
antes del imperialismo.

Dónde ellos ven el voto,
yo sólo veo la urna
de un devoto funeral
consumando el capital.

Al final hay tantos disfraces
que uno no sabe
si le tocó ser payaso
o ser humano.

Hacerse con el vacío.

No me gusta quedarme a oscuras,
porque igual me ciega
la luz del pensamiento

y en el abrazo de este insomnio,
no soporto el grito de los pájaros
los perros que ladran al Olvido

y los árboles que sólo crecen,
hacia arriba ,

como una mano haciéndose solemne
en un espacio vacío.

jueves, 10 de enero de 2013

Hoy soy mil millones de tristezas.

Hoy, me siento triste
soy una gangrena cerebral
un arsenal de vómitos secos.
Hoy soy mil millones de tristezas
en dos ojos huecos de llorar.

Hoy soy un desorden
de todo lo que soy.
Hoy no estoy bien cerrada,
tampoco bien abierta.

Hoy soy un cuarto sin luz,
sin ventanas para la vida.
Soy una llorona,
recién nacida
de la melancolía.





jueves, 20 de diciembre de 2012

Casualidad circular

Él es la raíz mental,
una externa dialéctica
que discurre en el absurdo.

Ella es una conciencia,
que se auto-define,
y trasciende al interior.

El anida en la intimidad de ella,
y allí todos los antagonistas se reconcilian.


El y ella
los adjetivos
y géneros
son males menores
que la existencia.

El y ella
son la experiencia
del individuo.




20.12


Me gusta cuando
te detienes
para ser sincero
y cuando te mueves
para no correr.

Me gusta cuando
nos reímos
Y los ojos
iluminan dos cuerpos
que nunca antes,
estuvieron tan dispuestos
a dejarse ver.

Incluso me gusta,
después de odiarlo
cuando nos reunimos
y se viene la tormenta
y estamos tan cerca
que no nos vemos.

Pero
aún me gusta más
cuando nos reunimos
para robarle a la muerte
los trozos de vida

que son nuestra vida.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Hay cosas tuyas

Hay cosas que son tuyas,
y por extensión casi geográfica
son mías también.

Pero hay cosas que son tan tuyas
que yo no las quiero,
-ni en el mejor de los acuerdos.

Tenerte entero
sería cómo extinguirte
prefiero sentir que te pierdo un rato
y te gano poco a poco.

Ni el más valiente necio
mata lo que ama
con la peor de sus espadas.