Cómo la vida, yo también soy oscura
hecha de mi, es cualquiera de tus dudas
y cómo la acera caliente que pisas
ardiendo el pecho, me cuesta respirar.
Amarrada a seis ojos que no buscan respuesta,
las estrellas caen en el mar,
y nosotros nos bañamos con ellas
nadando de risa,
naufragando de risa,
abrazando torpes los cuerpos mojados
lamiendo nuestra fugaz eternidad.
De la peor tormenta,
yo detendría cualquier momento
incluso dentro de tu mismo odio.
Y en el mismo centro de tu odio,
una vez dentro,
crecer hacia a fuera e invadirte el aliento,
zarandearte de risa
sostenerte fuerte
y aún trémula,
columpiarme en el miedo.
Y volver a mirarte
ya fuera de ese columpio
y conocerte de vuelta.
Cómo la noche sin luna,
cómo el mar de noche,
cómo una calle dónde nadie circula
cómo el nido de tu pecho,
cómo una fruta que madura,
la piel con la que habitamos esta lucha
es, también, oscura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario