¿De qué sirvió aprender tantos nombres de hombres muertos? ¿Qué sentido tiene abrigarse del frío cuando ese frío está dentro? Hoy sólo me satisface reírme de mis propios deseos. Despreciar mis recuerdos cómo los adultos desprecian la palabra de los niños. Me muerdo los puños con la esperanza de perder los dedos pero el verdadero dolor que me atormenta es tener dedos que perder.
I. El rey de la Resistencia.
Llevo puesta una corona en llamas sobre la cabeza. Negarla es mi muerte y resistir, resistir es morir a plazos pagados. Tengo un acuerdo de resistencia con mis incertidumbres y ellas bailan felices al rededor de mis razones. Cuando me arrodillo ante la Diosa del Absurdo las llamas de la corona prenden la ropa y ya no me ilumino pues soy un desvergonzado iluminado que arde en su propio trono.
II. Una voz en el exilio.
Si vivir es afirmarse...¿porqué yo me niego a cada segundo? Si renuncio a mi reino en las alturas quedo en paz y tan tranquilo que me darían por dormido pero sé que incluso en el mundo de los dormidos aún me sabrían despierto.
Los dormidos no son compañeros de un buen viaje sino de los sueños. En los sueños mis manos valen menos y cuando despierto pesan más.
III. El alarde del aire.
Despojado de mi título, me hundo, hay retales de mi que se aligeran.
Mis incertidumbres cojas y enfermas no saben dónde danzar, no hay muro de oposición. Se encuentran perdidas y nunca antes habían sido tan auténticas.
Sin mi resistencia, su absurda existencia justifica mi corona.
IV. Un principe sin precio.
Un precio, un valor sería la resolución definitiva para esta angustia. ¿Pero qué precio hay más alto que la propia vida? Y lo estamos regalando, qué digo...¡peor! sacrificando en nombre de unas normas y medidas, en nombre de unos deberes y causas, en nombre de una razón y en contra de una locura.
Un principe sin precio es una locura, pues ya pueden venir a llamarme loco. Yo tuve en mis manos la corona y ahora reconozco que perecer con mayor suavidad que el suicidio no compensa ningún poder.
V. Las tormentas de verano.
Ya no llegan las campanas cerimoniosas a mis oídos, sus ritmos y pausas. Ellos y yo, pasamos a ser tremendos desconocidos. Mis incertidumbres comprendieron que para bailar, primero, hay que saber de música. A la prisa por vencer mi reino helado de oscuro invierno ha venido a brillar el sol eterno.
La Diosa del Absurdo se ha disculpado, fecundó el tiempo y ha cambiado mi tormento vital por tormentas de verano.
II. La conversión a la post-modernidad.
II.I Una coraza post-moderna
Qué miedo reconocer qué de mi se desprende una sombra, cómo de cometa lisa y titubeante que baila en el cielo. Desobediente a la gravedad. Las cosas que son, son sin permiso. No puede acorralarse a la existencia más salvaje, no se puede negar el aire que ejerce su liviano ritmo, una naturaleza natural no es hiperbaton en un mundo en el que el tiempo es programado por relojes automáticos.
El ídolo moderno es la vida que se practica sin práctica. Veinte libros para aprender a ser madre y dos semanas de reposo para serlo. Cinco mil academias de pensamiento y ningún pensamiento fuera de las academias.
Muchas perecieron para que el resto nazca. Ideas perecieron para abonar ciertas certezas. Y no hay más placer entre los recién nacidos que encontrarse. Encontrarse antes de vestirse para siempre. Se nace desnudo y se muere elegante. ¡Seamos libres antes de que se nos impongan los cordones de los zapatos! Encontrarse antes de vestirse para siempre. Los nativos de la vida sólo disfrutamos con los pies descalzos pero ahora los nativos somos cómo hijos del asfalto.
Suenan las sirenas melodías de una caótica ciudad. Cada instinto guarda su barrio. Sólo se pertenece a lo que se quiere pertenecer, no basta un portal sin numero o una acera con bajada, la calle se ha de sudar.
Quien dice poder olvidar las heridas es porque no le cicatrizaron nunca.
Hay que reconocer a la muerte en los cementerios y perdonar a la vida varias veces más.
III. El vicio de mirar.
"Cuando uno mira en el abismo, el abismo también mira dentro de él"
El vicio de mirar y mirar y por esta razón es vicio, porque no ve nada. Mirar hacia abajo mientras se camina por la calle, mirar hacia arriba sólo para reconocer a la autoridad.
La virtud del ciego es poder ver sin mirar, no ser partícipe de una sociedad vendiendo lotería.
Un mundo de ciegos potencialmente libres son todas esas ciudades sin nombre y todos esos sin nombre que aspiran a serlo. Un mundo de ciegos viejos lidera los campos.
¿Cuando Dios era omnipresente, dónde miraba? Ahora que es omni-obsoleto...¿se ha quedado ciego? No existe gran diferencia entre su reino y su legado. La ceguera de muchos se contagia desde los aparatos publicitarios. Envejecer es quedarse mirando pero a la vejez no se la mira a los ojos.
Lo que nos pasa es también lo que les pasa a los demás. Ese es el vicio de esta nueva sociedad. El vicio de mirar lejos, lo más lejos posible de unx mismx.
III.I Falsos
Se sirven de la mejor comida pero también toman la basura. Su deseo no es comer contigo pero con gusto, heredarás su banquete.
Con todo y nada sólo queda la deuda ,de la verdad, en una mirada incómoda.
IV. La vida no es una condena.
Vivimos delegando lo auténtico, juzgando lo transformable, despreciando los viejos retos cómo si nunca hubieran sido dignos de retar. En los momentos clave, los clásicos juegos quedan obsoletos. Dónde sólo debía haber una escueta mentira ahora se sufre un gran daño. Pedir perdón no resulta igual de fácil que cuando se es niño. Ser adulto es perder paciencia mientras ganamos pacientemente el orgullo.
Vivimos con la fantasiosa levedad de lo que es eterno y sin embargo conocemos mil muertes instantáneas. La gente más amable aún se grita en la cola de los mercados, los que ya han muerto suben y bajan sin esfuerzo escaleras del metro.
No es lo mismo 100 gramos de justicia que lo "máximo" posible de justicia, lo saben los injustos que la reservan. No es lo mismo hoy que cualquier día, pero transitamos por el hoy cómo si cualquier día nos fuera a llegar la vida.
Un simple gesto, autónomo de unx mismx, muchos simples gestos nos dirigen cuando estamos a solas. La vida no es un oficio, aunque tristemente se practique conforme a ese tamaño.
V. Nuevas alianzas.
Muchas respuestas emocionales sin respuesta, esa es la sensación que corona nuestras ganas. Nuestras depresiones y huelgas existenciales son respuestas emocionales generadas por la falta de preguntas. Recurrimos a los hábitos y costumbres para ostentar la realización personal. ¿Y que realización puede haber en unos instintos programados?
Ni el más fuerte de los milagros traía consigo la promesa de la paz. Los senderos no hacen a la montaña y la muerte no puede ser mas incierta que la vida.
VI. Recientes promesas.
Hay caminos dónde el norte no sirve para nada y ventanas sin gente que despedirse. A la tristeza no le corresponde una tarde de domingo y la lluvia no es siempre la aliada de la mala suerte. El ser es la causa primera.
Una promesa reciente no es un propósito para mañana, hacerse viejo es la promesa del tiempo pero muchos permanecen jóvenes sin que el tiempo les corresponda, piensan que han vencido y sin embargo es la vida la que les ha dado la espalda. Sólo envejece aquella persona que se atreve a sembrar las razones de sus futuras heridas y arriesga con ello la piel, o bien apuesta por la alegría.
Una certeza de pensamiento debe entrar al juego debe danzar y dudar, si no se mueve si no baila será un dogma, una idea tirana.
Una vez adquirida una certeza propia se acepta que la práctica hará madurar el resto.
Pero repito, ante los espectadores con nauseas : El ser es la causa primera, y esta no es una explicación agradable.
VII. La correspondencia.
Quien espera una respuesta, no conoce el silencio.
Quien se esconde en la oscuridad por mucho tiempo, no soporta la luz.
Nunca hay un diálogo entre la propia existencia y sus razones, pues no hay razones para existir. El silencio de este debate se produce al escogerse a cada instante. Somos un indeterminado libre de determinarse ésta vez y cuantas veces quiera.
En el país del futuro se oyen murmullos de recelo para los inquietos que aún son sinceros, buscando las tablas en el alma.
VIII. No dibuja la brisa.
La brisa no dibuja, el viento no enreda, no calienta ya la espalda el lazo de la madre. No susurra el aire, ni si quiera en otoño. No conjura la luna flaca, todos los pasos que quedan son los que se alejan y sólo en las monedas se dibujan sonrisas.
En la precariedad no cabe la mediocridad: medio herido es medio muerto.
Nuestra tarea es hacer sensible lo invisible a las esencias potencialmente libres. La insurreción de la própia vida es la ruina de la rica mezquindad.
El que miente mejor, no es quien dice parte de la verdad, es el que nunca más se levantó después de un error y extiende su farsa irrealidad cómo realidad propia, pero incluso éste sabe la verdad:
No vale salir al paso con la vida.
Ahora que nada nos sobra y todo nos falta, soportamos con gusto cualquier frío menos el frío en la garganta. Somos enfermos de ideas honestas dispuestos a dar vida al silencio y la rabia organizada.
IX. La primera rebelión.
De los instintos nace la adicción a la búsqueda siempre inconclusa del dominio del individuo, vuelve a besarme mi mayor verso interior: mi autonomía es la primera rebelión.
IX.I Resurgir
Agujerea indiscretamente los sepulcros de tus opiniones, los fantasmas requieren de la vida cómo su más baja razón de existencia, sólo un necio confundiría con mentiras sus pasadas posiciones.
Traza un círculo de fuego negro y el que se quede dentro, será tu amigx más allá de todos los renacimientos.
Dónde mejor brillan las estrellas es allí dónde no tienen ni nombre, ni dueño.
X. Las pretensiones.
No se puede tener más pretensiones que contar lo que alguna vez nos dejó mudas.
La ignorancia es repetitiva, no puede ser en sí misma una pretensión. A saber leer se le aprende leyendo y para aprender a amar, estar enamorado es "sólo" necesario.
Las pretensiones llegan con la renuncia a una depresión que venía dada por la recesión de mis libertades , lo soñoliento alimentaba el alma mientras me educaban para adquirir la torpeza que niega cualquiera de mis destrezas. Me acostumbré a sentir lo que pienso y a pensar lo que siento.
Desgraciados los que dicen madre y olvidan el vientre. Ninguna verdad absoluta mueve el mañana y quien sabe eso puede levantar el puño y quizá, los párpados.
XI. Las renuncias
Hay quienes renuncian de su nombre y quienes renuncian del rey. Hay quienes renuncian al fracaso y por ese burdo decreto imperialista fracasan en su vida.
Lxs más tristes son lxs que renuncian a sí mismxs. Renuncian renunciar y se convierten en fantasmas.
Me han pedido mil veces y de mil formas que renuncie a mi misma: por educación, ideología o comportamiento, pero yo no puedo. Yo no sé de desmembrar mi cuerpo, yo no se de amputar mis ganas. Ya superé el deseo de agotar mis angustias, yo ya renuncié al mayor drama por seguir viviendo.
Y cuando decidí quedarme, a propósito de vivir, me miraron con ojos recelosos cómo si llegara tarde. No, yo nunca llegué tarde a dónde quise llegar. Llegué a tiempo en el único tiempo que tengo, el mío.
Así cuando encuentre mi verdad podré devolverle a mi infancia tantos años de testarudez existencial.
XII. Las conversaciones
XII. I
-Tu eres capaz de sostener cosas por el único hecho de que son así desde que las conoces. En realidad no se sostienen por sí solas, las sostienes tu con tu poca competencia.
Hay verdades tan anchas de nada que con poco se van volando.
XII.II
-Demasiadas expectaciones para un solo tiempo y pocas esperanzas para la antesala del propio tiempo. A veces, sería necesario recordar que el futuro también será ceniza.
XII.III
-La tristeza es una resistencia. Si se decide vivir, no se puede vivir ya más obviando el deseo propio que una vez nos quiso muertos. Entonces uno se vuelve azul y recuerda el peso de los párpados.
Una tristeza ligera es como esperar ver una estrella de día, siempre es más fácil que vivir esperando llegar a soportar, algún día, todos los yoes que tiene uno mismo.
-Asfixiar con una reverencia las ganas e inclinarse al anonimato exiliando la propia vida en expresión. Eso es a lo que tu llamas importantes transacciones.
-Avivar con la mirada una conversación eufórica, coincidir en el punto exacto de un pensamiento en las conciencias. Eso es lo que tu llamas trivial.
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