que luego nos quedamos a oscuras
y no sé que hacer
con tanto sitio entre tu y yo.
No digas que no sabes de torturas
cuando nos hemos jugado la piel;
enredándonos las piernas,
compartiendo torpes las lenguas.
En la morada de tus espejos
ya no me reflejo, brillante.
Nerviosos escondemos nuestros escondites
y atentos nos evitamos la mirada.
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